Field of Reeds

Calificación

7.5

These New Puritans

Infectious Music

// Por: Juan Manuel Pairone

Mie 12 junio, 2013

Artista: These New Puritans

“En el primer álbum, especialmente, había una suerte de brecha entre la música y yo. En el álbum anterior esa brecha se cerró mucho. En éste, ha desaparecido“. Así firma Jack Barnett el pequeño escrito que da cuenta del proceso creativo detrás de “Field of Reeds”, reciente tercer álbum de These New Puritans y demostración explícita de los cambios internos vividos por el grupo desde la salida de su debut, “Beat Pyramid” (2008). La música es un camino de ida, dicen algunos, y Estos Nuevos Puritanos parecen confirmarlo. Sólo basta sentir en carne propia la distancia entre el bajo distorsionado de ‘Elvis’ -pequeño primer hit del grupo- y cualquiera de las atmósferas planteadas en este último disco para comprender que el tiempo ha pasado y la música, a su vez, parece haber mutado definitivamente tanto en su forma como en su intención.

El propio Barnett ofrece algunas pistas para entender el cierre progresivo de esa brecha a la que hace referencia. Habla del disco anterior, “Hidden” (2010), como un paso importante en la redefinición de la estética del grupo y tiene razón: luego de esa criatura hecha a base de retazos de post-punk y hip hop y algunos gestos experimentales que fue “Beat Pyramid”, el segundo álbum representó el inicio de una búsqueda centrada en nuevos instrumentos. Y si bien una atmósfera pseudo-oriental cruzaba referencias con algunos de los productores estrella del pop contemporáneo (Timbaland, Will.i.am) y sorprendía hasta con sonidos piratescos de espadas desenvainadas, había algo entre las sombras que se resistía a pasar desapercibido; dos canciones, ‘Hologram’ y ‘5’, eran, por su cuenta, un pequeño apartado dentro del disco y superaban ese envoltorio convirtiéndose en los clímax de “Hidden”.

Esa huella incipiente -con orquestaciones que incluían vientos de madera, percusiones de metal, pasajes corales y una intensidad dramatúrgica en cada interpretación- parece haber madurado en la cabeza de Barnett, quien hace poco llegó a asegurar que odiaba la música pop. Los últimos shows del grupo en relación a su segundo disco -agrupados bajo el nombre de ‘Hidden Live’- marcaron un antecedente todavía más fuerte: el formato de banda desaparecía y la música era interpretada por un ensamble de catorce músicos académicos y un coro juvenil. Los elementos de la música clásica contemporánea ya no eran simplemente un matiz, sino que se habían convertido en el sostén principal de las canciones del grupo. Lentamente, el futuro de These New Puritans se iba delineando y un nuevo álbum parecía destinado a estar embargado por ese tipo de climas vividos en carne propia.

Y eso pasó. Aun así, “Field of Reeds” tiene la particularidad de sonar absolutamente natural dentro de la historia del grupo. Sus composiciones se han separado casi completamente del formato canción (apenas ‘Fragment Two’ tiene un esbozo de impronta radiable) y la idea de banda se ha diluido, abriendo paso al libre desarrollo del gen creativo de Barnett (quien trabajó codo a codo con los compositores Hans Ek, Phillip Sheppard y Michel van der Aa, además del director Andre de Ridder). No obstante, las piezas que integran el disco y la instrumentación diseñada junto a una lista larga de sesionistas tienen la resonancia misteriosa, chocante y cinematográfica que puede encontrarse en la pequeña pero sumamente amplia discografía de la banda. Gracias a eso, el álbum es, pese a su contenido sorpresivo, una continuidad estética y ética de un grupo decidido a romper con sus propios vicios una y otra vez.

Pero, al fin y al cabo, ¿qué puede encontrarse en “Field of Reeds”? Acordes sostenidos en el tiempo, el registro vocal más grave que se conozca en Inglaterra, la sensación electrónica de un piano resonador. Silencios repentinos, espacios que parecen vacíos pero se llenan de pequeñas intervenciones de vientos y metales. Vidrios rotos, las alas de un halcón, un loop de órgano. Largos pasajes instrumentales que parecen sacados de una película muda. La participación de la cantante portuguesa Elisa Rodrigues. En definitiva, una extensa lista de pequeños caprichos y rasgos de autor desarrollados por Barnett, quien parece haber alcanzado un nuevo escalón en su transformación como músico y ha quedado ubicado a mitad de camino entre un diseñador de partituras y un productor obsesionado con la unicidad de la interpretación. Lo importante, sin embargo, es que ha logrado su objetivo: una obra monumental (eso es “Field of Reeds”) que lo confirma como un artista comprometido únicamente consigo mismo y con un ideal de belleza intransigente y megalómano.

Seguramente muchos huyan de las música de “Field of Reeds” y es entendible. Enmarcado en un contexto de recepción que, pese a sus matices, se sostiene como un pequeño nicho de mercado abiertamente pop, el álbum poco tiene para ofrecer a quienes busquen canciones inmediatas (‘V (Island Song)’ llega a la ovación en exquisitos nueve minutos). De todas formas, es ese mismo contexto el que le otorga un valor incuestionable porque, pese a estar mucho más en contacto con el mundo de la música clásica contemporánea, el disco plantea abiertamente una problemática inmanente al pop del último medio siglo: la búsqueda permanente de nuevos lenguajes y la apropiación de herramientas de todo el aparato cultural a disposición. Por eso, vale la pena el esfuerzo inicial y el alejamiento de la comodidad. Quien se anime a entrar en el mundo de “Field of Reeds”, seguramente nunca ha escuchado nada igual.