Metals

Calificación

9

Feist

// Por: Elsa Nuñez

Mie 5 octubre, 2011

Artista: Feist

Nunca había entendido porqué a tanta gente le gusta Feist, por lo tanto —confieso— jamás me he internado obsesivamente en su discografía. Creo que “Metals” fue un buen pretexto para hacerlo ya que me atrevo a decir que es uno de esos retratos en los que más que la imagen proyectada, el alma de la figura es lo que se capta perfectamente.

Uno de los elementos que protagonizan este álbum es el profundo sonido de la batería que escuchamos al inicio de ‘The Bad In Each Other’, tema con el que se comienza la escucha, en el que unos riffs cortos se encargarán de contrastar con la dulce voz de esta canadiense, caso similar al de ‘Comfort Me’.

‘Graveyard’ es fatal, el piano se descompone en notas cortas que hacen juego con el remate seco de algunas palabras; aquí es donde comienza hacer uso perfecto de los puentes, en los que decide combinar sonidos y voces para transformar totalmente una canción. ‘Caught A Long Wind’ tiene reminiscencias a la dulzura que Björk presentaba en época temprana, esto se amalgama a la perfección con lo sombría que puede ser su voz y el tono introspectivo que ésta puede tomar.

“Metals” está totalmente cimentado en  una idea de tomar espacios vacíos que poco a poco se llenarán con toda clase de elementos, eclécticas mezclas que resultarán siendo homogéneas. ‘How Come You Never Go There’ es una pequeña introducción a ‘A Commotion’, tema con el que se conecta súbitamente. Lleno de misterio, incesante en sus arreglos de cuerdas y espectacular cuando voces varoniles se enfrentan a la aparente alegría de los metales y unas percusiones que están en el lugar exacto. Uno de mis momentos favoritos.

‘The Circle Married The Line’, ‘Bittersweet Melodies’ y ‘Cicadas & Gulls’ son los episodios en los que realmente evoca su lado más folk. ‘Anti-Pionner’ es un espacio abierto a la decepción, a las quejas, al hartazgo. ‘The Undiscovered First’ parece vacía pero paulatinamente notaremos que está basada en una batería lejana e insistente que ayudará a que el tono suba gracias a una guitarra eléctrica que acompaña como en cualquier jam y que en el puente [de nuevo] se transformará en una criatura algo furiosa.

Un álbum que defiende con honor el nombre de Feist, que no se queda en la dulzura y con el que se aventura a cruzar a un lado en el que el jazz y el blues están presentes y se pueden transformar en texturas mucho más oscuras e introspectivas gracias a arreglos sencillos pero arriesgados. Un perfecto retrato que oscila entre la ternura y la oscuridad.