Before and After: Violence is everywhere… beware

// Por: Kaeri Tedla

Vie 25 agosto, 2017

Por Kaeri Tedla

“You can’t talk about fucking in America, people say you’re dirty.
But if you talk about killing somebody, that’s cool.”
― Richard Pryor

“Any intelligent fool can make things bigger, more complex, and more violent.
It takes a touch of genius — and a lot of courage to move in the opposite direction.”

―Ernst F. Schumacher

La violencia se define como todo acto que guarde relación con la práctica de la fuerza física o verbal sobre otra persona, animal u objeto, originando un daño sobre los mismos de manera voluntaria o accidental. El elemento principal dentro de las acciones violentas es el uso de la fuerza, tanto física como psicológica, para el logro de nuestros objetivos y en contra de la víctima.

En las últimas semanas la violencia viene mostrándonos todos sus rostros de una manera perturbadora y a una velocidad preocupante: eventos racistas en Estados Unidos, ataques terroristas del Estado Islámico por toda Europa, Afganistan permaneciendo como un campo incendiado de muerte que amenaza con seguir creciendo, el oscuro fantasma de la guerra nuclear flotando en el aire, como tenía décadas de no sentirse, gracias a las tensiones entre Norcorea y el Presidente Trump.

Charlottesville (AP Photo/Steve Helber)

Eso en el mundo, en nuestro país la violencia ligada al narco, a la lucha por las plazas y la preponderancia del poder y la riqueza vinculadas al tráfico de toda clase de estupefacientes, genera todos los días un contenido de nota roja que ocupa prácticamente el 80% de los medios informativos.

Pero en nuestro entorno más cercano, el inmediato, el de todos los días, la violencia también se adueña de cientos de conciencias que, frente al estrés del tráfico, el hacinamiento en los vagones del metro o la ansiedad que provocan las cuentas por pagar, los problemas familiares, los compromisos laborales y académicos y muchas otras cosas más, solo encuentran una válvula de escape al violentar a los demás.

Es así como de los codazos y los insultos pasamos rápidamente a las patadas, los golpes, el uso de armas contundentes o punzocontartes y en algunos casos, cada vez más comunes, la aparición de un arma de fuego.
Por una discusión de tráfico puedes acabar baleado en la acera y por un pleito de calle o con tus vecinos, terminar muerto de diversas maneras; el odio, el egoísmo, el lado más oscuro de nuestros instintos de conservación nos devoran y nos hacen atacar y destruir, sin pensar en las consecuencias que esas acciones traen para los demás… y para nosotros mismos.

En todas las ciudades y regiones de México, en todos los países del mundo, la violencia parece ganar terreno frente al llamado a la sensatez que la música, el arte, las ciencias y la filosofía hacen para regresar a aquella estabilidad de emociones, que si bien no era la paz absoluta, pues la violencia y la guerra siempre han estado, aunque sublimadas en ciertos lapsos de la historia, sí nos permitía vivir con tranquilidad.

El observar imágenes de una persona asesinada por robarle un smartphone en cualquier barrio de la CDMX, ver la balacera entre ejercito y cárteles en el norte del país u observar una camioneta cruzando las Ramblas en Barcelona, llevándose por delante a decenas de personas; ser testigo del discurso de un presidente que justifica de manera velada las acciones de grupos nazi y de ultra-derecha que igual arrollan a la multitud con autos, que los golpean impunemente, todo esto forma una secuencia de realidad que conmociona y estremece.

Algunos dirán que es naturaleza humana y que es imposible entender a nuestra especie sin esa chispa de energía que enciende nuestro temperamento y nos ayuda a responder al sentirnos agredidos; eso fue real hasta hace al menos 3000 años, desde entonces la chispa que alimenta la violencia es otra, es el exceso de la ambición, la ceguera del fundamentalismo, la locura y la pérdida del valor de la vida humana… y en ocasiones todos ellos juntos.

Más allá del argumento cursi de pensar que el amor puede acabar con la violencia y el odio, así como con la guerra (a John y Yoko no les funcionó y a la generación hippie tampoco), lo que manda la sensatez es entender que todo nace desde un ejercicio personal de auto control y tolerancia que nos ayude a saber cómo reaccionar ante una situación donde nos sentimos agredidos, buscar todas las alternativas posibles antes de violentar a los demás y saber negociar y solo responder de manera violenta cuando esté de por medio nuestra integridad. Para eso fue desarrollado el instinto violento en la especie humana en primer lugar.

A nivel global habrá que hacer mucho más, pues las raíces de la violencia claramente son mucho más profundas, gruesas y terroríficas pues hay de por medio intereses políticos, religiones, dictadores, tiranos y desquiciados en los que tristemente está el poder y las herramientas para hacer de la violencia un destructivo fenómeno global a través de la guerra.

Mantengamos nuestras emociones en control y usemos la violencia mejor en pequeñas dosis y enfocada a acciones que no dañen a los demás, pero que nos permitan liberar parte de esa energía implícita en nuestra genética humana y mexicana por añadidura.

Y cuando no quede de otra, recuerden que de manera infalible la música… siempre calma a la fieras…

Sex is violent…
(Ted just admit it) Jane´s Addiction