Bicentenario: ¿La fiesta que nadie espera?

// Por: Staff

Lun 13 Septiembre, 2010

 

Es innegable el difícil momento que vive México hoy día. 1810 y 1910 son años históricamente registrados como de lucha y cambio en nuestro país y pareciera que este 2010 no se quiere quedar atrás.

Si bien la historia de la humanidad se escribe según el lado de los que ganan las guerras y los conflictos en cualquier parte del mundo, buena parte del pueblo de México parece rebelarse en esta ocasión a seguir festejando las historias de independencia y revolución que tradicionalmente hemos celebrado desde hace mucho tiempo. Y es que el momento en el que llegan estos festejos está rodeado de tal inestabilidad social y política que cualquier intento por evadir la realidad parece injustificado por más que estemos a punto de presenciar una de las mayores producciones de cualquier espectáculo que se haya hecho en este país.

Yo he defendido “La fiesta de todos” (como se le conoce también a los festejos del Bicentenario mexicano) desde que supe la magnitud y calidad del evento. Me tocó observar muy de cerca las negociaciones con algunos de los grupos mexicanos que se presentarán la noche del 15 de septiembre en varios puntos de Avenida Reforma en D.F. así como en el Zócalo capitalino y al mismo tiempo me tocó conocer también de cerca las historias de grupos como Café Tacvba que sencillamente prefirieron pasar (posición MUY respetable) y no participar en la celebración que le está costando a México varios millones de dólares.

Desde mi punto de vista, el asunto no es cuánto se gasta el Gobierno Federal en un evento de esta índole, ya que de entrada nos urge tener una proyección internacional un poquito más positiva que solo la contabilización diaria de los muertos en la guerra del narco. Además, este pueblo se merece cualquier fiesta digna de celebrar a la gente que lo hace seguir de pié pese a todo; me parece que es un tema separado el que nuestros gobernantes hagan bien o no su trabajo ya que ese lo tendrían que hacer como se debe sí o sí, con o sin Bicentenario. Yo voy más con la filosofía de grupos como Los Tigres del Norte y La Maldita Vecindad (que sí tocarán en el festejo) respecto a que esta fiesta es realmente para los mexicanos y no para el Presidente de la nación.

Lo que sí me parece una lástima es que el Gobierno haya decidido no comunicar la magnitud del evento como se debe en tiempo y forma. Que días antes del evento hayan estado aún discutiendo si un grupo se debería presentar o no y que no hayan acreditado a los productores de una manera debida. Sí, la producción corre a cargo de extranjeros pero todas las ideas plasmadas que ocurrirán en el desfile así como los actos en vivo, son de puros compatriotas talentosos con ideas que realmente nos enaltecerán como mexicanos y con un equipo de miles de personas voluntarias detrás que sí creen que hay algo por qué festejar.

Nuestro país resulta ser casi todos los días “El Infierno” que describe Luis Estrada en su película (que recomiendo ampliamente), pero la fiesta y el reírnos de nuestra propia realidad es también parte de lo que nos caracteriza como pueblo. El mismo Estrada nos obliga a reírnos de eso mismo en su largometraje y con eso no quiere decir que seamos poco sensibles con nuestra realidad. Considero que durante unas cuantas horas, si todo sale según lo planeado, tendremos la oportunidad de admirar de lo que somos capaces como mexicanos pero también como seres humanos. Las artes existen para eso y nadie lo puede debatir.

Probablemente este festejo que viene sea una de los pocas cosas positivas que recordemos de nuestro actual gobierno y de estas épocas de poca certeza social. Seguramente seguiremos escuchando las válidas opiniones de los que no van a festejar y también conoceremos miles de historias de familias mexicanas que lo van a disfrutar. Yo como mexicano me siento indignado de las atrocidades diarias que sufre mi país pero como ser humano estoy esperando que la suma final de estos festejos sea positiva porque también hay mucho por qué celebrar. Del lado profesional me emociona mucho presenciar un acto de magnitudes olímpicas en las siempre complicadas calles de la Ciudad de México y por eso ahí voy a estar.

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