Coachella Inc.

// Por: Staff

Vie 27 abril, 2012

 

Una última reflexión de Coachella 2012, antes de concluir la extensa cobertura que hicimos en WARP al segundo fin de semana del importante festival californiano, en esta que para mí, fue la octava edición que atiendo.

No es un secreto que los festivales musicales hoy en día representan todo aquello que la industria ha evolucionado en los últimos años: Exposición para las bandas, recreación y mucho entretenimiento para los que asisten y negocio para todos los que están del lado del “making of”. Sin embargo, hay veces que el negocio le puede quitar esencia a los buenos productos cuando estos son tan exitosos que no encuentran maneras para crecer, sin dejar de lado ese sabor tan especial que los hizo triunfar.

Atendí a este Coachella con varios que venían por vez primera y con una persona que ha asistido a todos. A nadie le pareció una mala edición en general la de este año. El hecho de que hayan hecho un cartel espejo durante dos fines de semana es culturalmente interesante por la manera en que los artistas interpretan tocar en el mismo festival, en el mismo escenario, a la misma hora, en dos fines de semana seguidos, con todo y que el clima marcó una sobrada diferencia con el Coachella más frio y el más caluroso en la historia respectivamente en este 2012.

Lo que resulta inquietante para cualquier fan del festival es que ahora que lo hacen dos veces al año y que las dos fines fueron “sold out”, la calidad de la producción haya bajado considerablemente respecto a 2011. Escenarios más pequeños, menos “happenings” en el campo de Polo, poco agua gratuita, casi nula política ecológica y un pésimo trato a la prensa (especialmente a los fotógrafos) son solo algunos de los detalles que me hacen pensar que este festival ya se descaró por completo y se transformó de manera obvia en un negocio de entretenimiento como un gigantesco show de Las Vegas o un Disney para melómanos… o para no tan melómanos que solo quieren ir a pasarla bien y no les interesa tanto la música, lo cual también es una realidad.

El crecimiento de Lollapalooza a Latinoamérica, Glastonbury que a sus 40 años sigue haciéndose con fines altruistas (el 70% de sus ganancias va para ONGs) y cancelaciones como la del nunca antes ocurrido 5punto5 en Toluca (donde tocaría Kanye West y varios más el 5 de mayo), nos dejan claro la complejidad de este rubro de la industria musical pero sobretodo, que nada está dicho.