Consolidando un nuevo mapa musical argentino

// Por: Giorgio Brindesi

Sab 28 diciembre, 2013

México y Argentina son, indudablemente, no sólo los polos geográficos del subcontinente latinoamericano, sino también sus faros insignia a nivel cultural. Con sus particularidades, ambos se han constituido en los mayores centros de producción artística de la región y constituyen auténticos modelos de referencia, habiendo cobijado a algunos de los movimientos estéticos más significativos de los últimos cien años y mostrando un estado de ebullición constante. Lógicamente, en el plano estrictamente musical y con el desarrollo amplio de la cultura rock a nivel global, ambos países han llegado a ocupar un lugar de referencia no sólo a nivel continental, sino también en lo que respecta a cierto orden mundial de la tradición musical surgida con el advenimiento de la guitarra eléctrica. Pensar en el origen del rock en castellano es suficiente como para entender el rol fundamental que tuvieron artistas de ambos países en la gestación de una idea de música popular atravesada por el diálogo permanente entre lo global y lo local, capaz de generar nuevas y cada vez más complejas identidades.

Sin embargo, las diferencias no son pocas. Mientras México goza en vivo y en directo de los beneficios y las desventajas de su proximidad al centro de la cultura pop global, nadie puede dudar de la magnitud y la heterogeneidad que forman parte de las bases mismas del mercado musical de ese país. Sí, pueden encontrarse productos-fórmula en exceso y, seguramente, la impronta de las multinacionales sea un lastre difícil de sobrellevar para varios agentes involucrados. Pero es innegable la existencia de condiciones materiales y simbólicas que permiten el desarrollo (en distintos niveles) de muchos artistas emergentes, algunos de los cuales vienen, por ejemplo, desde Argentina. Y es que fenómenos como el de Los Caligaris, Banda de Turistas o los más añejos Babasónicos y Auténticos Decadentes no dejan de ser significativos. Frente al universo cerrado de los grandes sellos discográficos y las productoras de eventos que concentran el mayor volumen económico de la actividad musical argentina, el caso mexicano representa un destino posible y deseable para muchos artistas del sur.

De todas formas, y pese a que esa situación sigue pareciendo irreversible en el país “más europeo” de Latinoamérica, 2013 ha sido testigo del crecimiento definitivo de un fenómeno que ya no puede invisibilizarse. El desarrollo cada vez más federal de una escena alternativa/indie/underground, la lenta pero inevitable apertura de fronteras entre Buenos Aires y las demás regiones del llamado Interior, la proliferación de sellos y productoras independientes y, también, la incipiente fagocitación de esta nueva ola ética y estética por parte de ciertos agentes hegemónicos -materializada en la creación del sello “independiente” Geiser, a cargo de Pop Art, la productora de eventos más importante del país-, son signos de un momento de cambio. Pero no se trata de un cambio que apenas comienza a manifestarse. Por el contrario, se trata de un movimiento cultural que, con Internet y las nuevas formas de producción discográfica como aliados fundamentales, empieza a trazar firmemente un nuevo mapa musical argentino. Una cartografía de artistas y gestores que está lejos de ser una casualidad compartida y representa, en los hechos, la circulación cada vez más amplia de nuevas formas de pensar la música pop en cada una de sus dimensiones. A continuación, apenas algunas pistas:

Capital Federal, La Plata, Gran Buenos Aires. Centro histórico de producción cultural, la capital argentina ha perdido su hegemonía como nido permanente de nuevas expresiones. La pasividad de algunos de los referentes máximos del rock argentino contemporáneo y la falta de renovación en el catálogo de los grandes sellos -que deciden apostar por ventas instantáneas y fenómenos asociados a las redes sociales- son los principales síntomas de esta suerte de decadencia porteña. No obstante, el desarrollo creciente de escenas satélite como las de La Plata y el sur del Gran Buenos Aires han venido a llenar las páginas de medios especializados y suplementos culturales de alcance nacional. Sellos como Laptra, Triple RRR, Fuego Amigo, Concepto Cero o Sadness apuestan por un crecimiento sostenido y enlistan a algunos de los artistas más interesantes de los últimos tiempos, los cuales, en verdad, gozan de mayor trascendencia mediática que convocatoria real. De todas formas, una serie de ejemplos individuales y de éxito gestivo cada vez más palpable ilustran la consolidación de nuevas formas de trabajo relacionadas a la música. No dejen de consultar: Pez, Él mató a un policía motorizado, Morbo y Mambo, Valle de Muñecas, Los Espíritus.

Córdoba. La segunda ciudad del país atraviesa por estos días la que, según varios medios locales, es la “era dorada” del rock cordobés. Los sellos Ringo Discos y LoFi Records concentran gran parte de la actividad emergente en la capital provincial y Discos del Bosque hace lo propio en la cercana e influyente Villa María. Pero además, artistas como Los Cocaleros, un día perfecto para el pez banana o Francisca y Los Exploradores han ubicado sus discos modelo 2013 en algunas de las encuestas de mayor trascendencia dentro y fuera de Córdoba. Evidentemente, la provincia en general y la ciudad en particular atraviesan un contexto especial, con un desarrollo interno cada vez más fuerte tanto a nivel de producciones discográficas como en lo relativo al crecimiento de un circuito de música en vivo que tiene cada vez mayor consistencia propia (y es envidiado desde otros lugares del país). Además, los casos de Rayos Láser, Frikstailers o Hipnótica -por citar algunos- dan cuenta de un acercamiento sin precedentes a la posibilidad de que la música pop hecha en Córdoba trascienda fronteras y toque las puertas del gran público.

Mar del Plata. La perla de la costa atlántica argentina disfruta de una realidad que poco tiene que ver con su condición de ciudad turística por excelencia. Rebatiendo ese estigma, son muchos los artistas marplatenses que movilizan esfuerzos y creatividad en pos de hacer de éste un mundo mejor todos los días. Los sellos Desde el Mar y Pistilo Records aparecen como figuras centrales en toda esta nueva camada de músicos que han dado a la ciudad costera una identidad propia en cuanto a lo estético y, también, en cuanto a lo organizativo. Porque no hay que olvidar un detalle concreto: Mar del Plata es, con seguridad, el lugar del país con más festivales de música independiente en proporción a su cantidad de habitantes. Los festivales Desde el Mar, Nueva Ola o TRImarchi son el ejemplo concreto de esta convivencia cada vez más naturalizada y prolífica entre músicos, productores y diseñadores gráficos. Y “Después el agua”, de Zoot, es el disco que condensa ese espíritu marplatense que tiene que ver más con el fluir constante de un océano que está siempre para ser consultado que con la volatilidad del verano y las vacaciones.

Rosario. La tercera ciudad del país carga con un karma difícil de entender. Es la cuna histórica del rock local (Los Gatos y ‘La balsa’ tienen sus orígenes a orillas del Paraná) y ha dado grandísimos nombres al cancionero popular argentino (Fito Páez, sin ir más lejos), sin embargo, la sombra permanente de Buenos Aires y un pesimismo basado en la permanente sensación de inferioridad hacen de Rosario un lugar del que siempre se puede esperar más. Felizmente, los sellos Polvo Bureau y Soy Mutante son parte de una renovación necesaria, que tiene en la experiencia de Planeta X (y sus ya 100 discos editados) un estímulo permanente que alienta la creación de reglas de juego propias y la idea de que, sea en el formato que sea, la música está hecha para circular. En este sentido, el reciente Festival Otro Río fue la confirmación de una tendencia que debe celebrarse: el hecho de que sellos y colectivos de Rosario y otros lugares de la provincia de Santa Fe decidan juntarse en un único evento, consolidando la imagen de una escena que busca definirse con sus propias herramientas. Aquí, nuevamente, un disco de este año es la banda sonora precisa para este momento de búsqueda y exploración: “Humedal”, de Los Codos.

Formosa y Nordeste argentino. Formosa como centro estratégico, sí, pero no como único punto de referencia. La escena del llamado NEA (Nordeste argentino) abarca también a Chaco, Corrientes y Misiones, en un continuo marcado por la convivencia entre lo rural y lo urbano, entre las formas folklóricas originarias y las posibilidades de las nuevas tecnologías. Zona de frontera con Paraguay y Brasil, la región goza hoy de un momento de exposición sin precedentes. Artistas como Guauchos, Saltimbankis, Benito Malacalza o Caretas del Arte tienen un espacio cada vez mayor en medios nacionales y ya no son simples casos de exotismo. La actividad del sello Mamboretá Records es clave para la aglutinación de estas expresiones y funciona como un caso paradójico de relación con movimientos artístico-políticos como el brasileño Fora do Eixo. Entonces, aunque todavía falta ese gran disco que sea capaz de elevar el nivel de exigencia y plantar las coordenadas de un nuevo tiempo, la espera está lejos de ser traumática.

Tucumán. La provincia más pequeña del país es, definitivamente, un microclima de autogestión y búsqueda por generar un catálogo de culto. Tanto Quiero Discos como Las Tías Records hacen suyas las posibilidades de la comunicación digital y con apenas un par de años de actividad ya son referentes de la producción discográfica cuentapropista en el norte argentino. Lo mejor es que ambos sellos presentan un catálogo deforme y exuberante, más cercano a los ideales del rock progresivo que a los límites de la canción radial. De todas formas, bandas como Gardenia o Random son imprescindibles para entender que las coordenadas de la música argentina actual no solo son variadas e inclasificables, sino que abarcan cada nicho estético que la imaginación sea capaz de pensar. Y encima, con una proyección internacional que parece difícil de entender pero existe, vaya si existe.

Mendoza. La última de las provincias/ciudades que se enlistan aquí es, probablemente, la más ambigua de todas. Si bien carece de una escena formal de sellos y colectivos que sean capaces de generar un circuito de producción y difusión por cuenta propia, cuenta con varios artistas que, siguiendo el ejemplo transnacional de Karamelo Santo, enfrentan ese camino desde su propio lugar de autogestión. Pero además, la provincia cuenta con una evidente camada de músicos que se alinea al carácter más experimental del pop global e intentan ir siempre más allá de los límites planteados por las reglas del mercado. En este sentido, Lavanda Fulton y Mi Amigo Invencible son, probablemente, dos de las bandas más inspiradas y personales de la música argentina contemporánea. (Imposible dejar pasar discos como “Álbum desconocido” o “Relatos de un incendio”.) Tanto desde la instrumentación como desde la forma de plantear las estructuras de las canciones, lo que se percibe es un espíritu libre compartido, que no reniega ni de las raíces ni de los lugares comunes, pero siempre busca la forma nueva, el timbre que todavía no se ha impregnado en el oído. Además, en este camino sinuoso pero por demás fértil, tampoco están solos: Mariana Päraway y su guitarra los acompañan.

No se trata de una lista definitiva ni exhaustiva, ni de un repaso geográfico preciso. Faltan artistas y regiones y, seguramente, hay kilos de música por conocer más allá de los nombres arriba dispuestos. Sin embargo, lo listado alcanza para dar cuenta de una tendencia que ya ha dejado de ser eso -apenas una tendencia, un esbozo- para pasar a ser una realidad palpable. Argentina vive una explosión musical inigualable, tanto en cantidad como en calidad, y eso se traduce en una oferta múltiple, diversificada y dispuesta a pelearse con cualquier tipo de gusto. Pero que, además de las zonas citadas, bandas de provincias como Catamarca (Panamá) o Entre Ríos (Los Licuados) empiecen a circular de manera regular y que este estado de la cuestión empiece a naturalizarse es, definitivamente, una buena noticia y representa un cambio de paradigma frente al histórico centralismo porteño. 2013 podrá ser apenas un año en medio de un proceso que se viene gestando desde hace tiempo, pero está claro que no ha hecho más que profundizar una apertura sin precedentes.