El Negocio De Las Emociones

// Por: Staff

Lun 18 Julio, 2011

 

De el tiempo que le invierto a mi trabajo profesional como músico, cantante, compositor y productor musical, por lo menos el 70% no tiene nada que ver con guitarras, pianos, micrófonos, consolas, luces, escenarios y todas esas cosas que me inspiraron a emprender el viaje y a seguir en él después de 30 años. Mi sueño inicial cuando acompañaba a mamá y a papá a su trabajo en los estudios de cine, de grabación, a las giras o al teatro, era emular lo que a esa edad entendí como vivir haciendo lo que mas te divierte, tu hobby. Ese sueño sigue ahí y ruego a mi familia y mis cómplices que me den el tiempo y espacio en el calendario para dedicarme a la parte creativa de mi carrera, al restante 30 %. Al final, la verdaderas estrellas son las canciones, son las que conectan con la gente, las que llenan los conciertos, las que trascienden y las que me dan el reconocimiento de mis colegas y fans; las canciones están ahí para resolver lo espiritual, lo emocional, lo personal y con suerte, lo económico. Y si, pero ¿a cambio de que? ¿Que hay que hacer para que eso suceda? Hay que aprender el negocio de las emociones.

Hoy en día lo que mas me emociona de la industria de la música es la interacción de los artistas con sus fans y viceversa. El internet llegó para hacer esto posible y el que los avances tecnológicos economicen y simplifiquen la grabación, mezcla, distribución, promoción y consumo de las canciones enlaza a músicos y seguidores. La retroalimentación básicamente instantánea vía redes sociales y la exposición de las bandas por estos canales están definiendo el futuro de la música. Así es, un mundo musical en el que el camino de la idea que nace en la intimidad de algún cuarto en México con una guitarra y una laptop llegue al iPod de alguien en Japón, sin tantos intermediarios.

En México la batalla contra la piratería del CD físico esta perdida por un marcador de 12 a 1, y el control de las descargas de archivos sin remuneración por ahora solo depende de la educación moral de nuestros hijos, ahí la tecnología sigue en pañales. Me inclino a soñar con el modelo de “música como servicio”. Llevamos toda la vida pagando servicios de agua, luz y gas y esta de moda que con una tarifa única un proveedor te de internet, teléfono y televisión, no estamos lejos de que esa tarifa incluya todo el contenido de entretenimiento como películas y música. Yo no se como, pero ojalá este modelo de negocio sea justo para todas las partes. Por ahora el peso de la remuneración para los artistas recae en los conciertos, y aunque desafortunadamente las circunstancias económicas y las provocadas por la violencia en el país le han pegado duro a las giras, la experiencia de ver a tu artista favorito en el escenario en vivo no es pirateable.

Cuando alguien me pide consejos recurro a mi lado hippie. En una industria por naturaleza impredecible, sin un cheque cada 15 días, y con cada vez mas competencia, mas te vale tocar bien en vivo y estar apasionado por tu trabajo y tener buenas canciones pues el motor de esta industria afortunadamente seguirá siendo el intercambio de emociones.