God save The Queens

// Por: Staff

Mar 15 marzo, 2011

 

Como informamos el viernes pasado, Rita Guerrero, quien fuera frontwoman de Santa Sabina, falleció a consecuencia del cáncer de mama que padecía desde enero de 2010, dejando varios significantes en la historia del rock nacional e internacional, más allá del talento y potente voz que la caracterizó.

Quizá valga la pena recordar la época en que Santa Sabina saltó a la escena musical como simple referente para hacer entendible el punto sobre el que escribiré en los siguientes párrafos. Así pues, la agrupación liderada por Rita se formó en 1989, mostrando originalidad tanto en su estética visual y sonora como en la fuerte actitud que su líder tenía.

La importancia del grupo recayó en el impulso que dio al rock nacional y al papel de la mujer dentro de un género dominado por los hombres (en México y en el resto del mundo). Aquí el tema en cuestión: el reconocimiento de la mujer dentro del rock, el olvido de la sumisión y la delicadez femenina ante la aceptación de que sí, las mujeres sí saben rockear.

Como sucede en muchos ámbitos, México empezaba tarde a reconocer una verdad innegable. Bandas como Sonic Youth, Yo La Tengo, Pixies y posteriormente The Breeders, fueron representativas por esa misma época tan sólo en Estados Unidos y hoy, más de 20 años después, no es extraño ver mujeres aguerridas que cimbran el escenario con su sola presencia; Shirley Manson, Beth Ditto, Karen O, o las mismas Kim Gordon y Kim Deal, son prueba de ello.

Sucede lo mismo al regresar a México; nuestro país incluye entre su repertorio actual (aunque aún debajo de otros países) a bandas como Las Ultrasónicas, Ruido Rosa, Le Butcherettes y Hello Seahorse!, además de solistas como Jessy Bulbo y la experimentada Ely Guerra, por mencionar algunas.

Son mujeres que igual brincan, gritan, desgarran una guitarra o componen sofisticadas piezas, colocándolas como punto de partida para generaciones futuras. Porque quién no reconoce el enorme potencial de Björk y de Beth Gibbons; miles de fans alrededor del mundo esperan ansiosos la salida de nuevo material al ser anunciado, pagan cualquier cantidad de dinero por presenciar un conciertos suyo y disfrutan de su música sin detenerse a pensar sobre su sexo.

Si en un principio el estigma social marco al rock como un género sucio, poco loable y falto de originalidad, el que involucrara a una mujer era impensable y tachado como una falta gravísima a la moral y al papel que jugaban como amas de casa, llenas de pureza y recato. De ahí la valía de mujeres como Janis Joplin, en Estados Unidos; como Nico, en Alemania; como Polly Jean Harvey, en el Reino Unido, como Rita Guerrero, en México.

Algunas de las mencionadas han dejado de existir, otras continúan por el sendero del rock y unas más inician y siguen abriendo espacios, ofreciendo su arte, entregándose al público, quienes la reciben sin distinción y aplauden a la artista antes que a cualquier otra catalogación. Un rotundo agradecimiento a ellas, a las que se han ido, a las que se irán y a las que, sin duda alguna, llegarán. Larga vida a su imperecedero legado.