La herida de Biafra se vuelve a abrir #WARPGeopolítica

// Por: Staff

Jue 11 febrero, 2016

Por: Ulises Kentros (@UlisesKentros)

África persiste en la imaginación como un continente plagado por el conflicto, la pobreza y la trampa del autoritarismo. Para muchos observadores, el continente siempre ha hospedado algún tipo de violencia genocida; Rwanda y Darfur son los casos más recientes, más recordados. Una edición futura de este espacio se dedicará a dar una imagen diferente y abordará el surgir internacional de África, sin embargo, esta semana es un buen momento para abordar un conflicto recordado como uno de los más sangrientos del continente: la guerra de Biafra (1967-1970). En efecto, las causas que la precipitaron persisten, y en meses recientes ha incrementado la tensión dentro de la región secesionista de Nigeria. Junto con el infame movimiento islamista Boko Haram (afiliado a ISIS/Daesh) en el norte y el Movimiento por la Emancipación del Delta del río Niger (MEND por sus siglas en inglés), el estado Nigeriano parece dirigirse a tiempos donde los temores por la mutilación del país volverán.

El peso de estos conflictos está puesto sobre la importancia del delta del río Niger. Éste río, entre su surgir en Sierra Leona y el delta en Nigeria, atraviesa seis países, entre los menos desarrollados del mundo, y la economía más grande de África. Su flujo es vital para la irrigación de la región del sur del Sahara (el Sahel), y por ello para los países que viven de él. El delta del río Niger, donde desemboca el río, es una de las regiones más afluentes de todo el continente; el suelo es fértil, la pesca abundante y el petróleo está en el mar delante de la costa. Hoy, hospeda decenas de millones de personas (40 millones de 140, en 2006), y más de la mitad de la producción de petróleo. Su importancia es crucial para el país entero: en la década de 1990, el petróleo representó 75% del presupuesto del gobierno, 95% de los ingresos de exportaciones y 25% del Producto Interno Bruto. A pesar de estos redondos y bien definidos datos, realmente se desconoce la cifra exacta de la producción de petróleo de Nigeria, pues se pierden miles de barriles al año por fugas, robo y derrames, y millones en ingresos por corrupción.

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Esta importancia es histórica. Cuando Nigeria fue una posesión inglesa (1800 a 1960, consolidada realmente desde 1884), el petróleo no tuvo una importancia tan grande como la que tiene hoy. No fue sino hasta después de la independencia (1960) que estalló la industria petrolera en ese país. Desde entonces, ha representado arriba del 70% del presupuesto del gobierno, y un segmento enorme de la economía en total. Previo a la bonanza petrolera, la economía del territorio que hoy es Nigeria tuvo como principales “productos” de comercio al aceite de palma y, hasta 1807, esclavos. Hasta hoy es un tema de discusión porqué los británicos consolidaron la colonia en Nigeria, pero el comercio fue definitivamente reducido cuando fue convertida en una colonia, desde 1850. Para ambos “productos” el delta del río Niger fue fundamental: para la producción del aceite, por el clima e irrigación disponible, y para los comerciantes de esclavos, por su posición estratégica en la costa.

Después de la independencia en 1960, Nigeria ha conocido múltiples movimientos, muchos de ellos armados, de grupos independentistas. Las fronteras del estado nigeriano son las que se produjeron durante la administración colonial; sin dar importancia a los grupos étnicos, religiosos o lingüísticos, se trazaron las fronteras para la viabilidad del proyecto colonial. Con la independencia, varios grupos buscaron producir sus propios estados según líneas culturales o étnicas. La guerra civil de Nigeria, conocida también como la guerra de Biafra, viene de este dilema.

La efímera “República de Biafra” existió por menos de tres años, entre 1967 y 1970, ocupando el vital delta del río Niger. Su fundación, producida a partir del intento de separación del estado nigeriano, estuvo determinada por la acción de la minoría Igbo, un importante grupo étnico de Nigeria, que conforma la mayoría de la población del área del delta del Niger. (“Igbolandia” es una porción del territorio total de Biafra, donde se concentra hasta hoy la mayoría de los igbos.) Como muchos conflictos, la sucesión de eventos que precipitaron la declaración de independencia de Biafra es borrosa -depende realmente de a quién le preguntes- y marcada por el resentimiento. Lo certero es esto: con la declaración de independencia puesta en su lugar, el gobierno nigeriano bloqueó todo el comercio de Biafra, y, poco después, mandó su ejército para recuperar los territorios rebeldes, dando inicio a la guerra civil. La importancia estratégica del delta del río Niger, y la amenaza de otros movimientos independentistas latentes, harían vital para Nigeria usar toda la fuerza para detener la separación de Biafra, y con ello se produciría una de las guerras más crueles de la segunda mitad del siglo XX.

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Imagen de la guerra en Biafra, 1969.

Alrededor de treinta meses después, decenas de miles de combatientes murieron, y cerca de dos millones de civiles murieron por hambre y enfermedades. La victoria fue definitiva para Nigeria, y tan resonante que no volvería a haber un intento de secesión en todo el país por más de veinte años. Durante el caótico e infame conflicto, numerosos países extranjeros, entre ellos múltiples africanos y europeos, intervendrían en forma de dar bienes o armas a uno de los dos lados. Biafra recibiría atención no sólo como un bando en el conflicto, pero como una causa célebre, hecha romántica por decenas de crónicas novelizadas por combatientes y mercenarios occidentales. (Una de las más famosas, e ilustrativas del fenómeno de los mercenarios europeos en el África de 1960-70 fue la autobiografía del piloto de combate polaco Jan Zumbach, quien formó parte del pequeño escuadrón aéreo de Biafra.) Para los que lo vivieron, la causa de Biafra acabó, junto con la pesadilla de la guerra civil.

No obstante, han sido más de cuarenta años desde el final de la guerra de Biafra, casi cincuenta desde su declaración de independencia. Aunque los que vivieron el conflicto no quisieran volver a tomar el riesgo de la causa de Biafra, una nueva generación de secesionistas ha surgido en años recientes. Sin embargo, después de la turbulenta llegada de la democracia en 1999, los secesionistas no ha convocado a una guerra civil, pero a una lenta separación, gradual y pacífica. Entre otras cosas, hecho a través de la introducción de una moneda propia en Biafra y otros símbolos de soberanía nacional, como en el activismo, protagonizado por Radio Biafra, transmitido desde Londres por el líder de uno de los grupos secesionistas. También nuevas narrativas en torno a la identidad Igbo han tenido como meta distinguir a ese grupo del resto de la identidad nigeriana.

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Simpatizantes de Radio Biafra.

El 28 de marzo de 2015 fue la elección presidencial que puso al actual presidente Muhammadu Buhari en el gobierno. Buhari, un militar que gobernó durante un periodo autoritario entre 1983 a 1985, fue un oficial en la guerra de secesión de Biafra, del lado de Nigeria. Desde afuera, su elección y mandato han estado más enfocados en Boko Haram, la infame insurrección islamista al norte de Nigeria, que clama vínculo con Daesh/ISIS, en un conflicto que ha desplazado a millones de nigerianos, además de la continua crisis que enfrenta su vital industria petrolera. Sin embargo, una de sus metas también es la de prevenir que vuelva a estallar el descontento de la población del delta de Niger. La corrupción, la percepción que el resto del país “se roba” las ganancias petroleras, la contaminación producida por continuos derrames de crudo al medio ambiente, el mencionado MEND, el cambio de capital de la costera Lagos a la ciudad central de Abuja en 1991 (que también produjo descontento), están entre los agravios que pueden movilizar a más gente a una más agresiva persecución de una renovada causa por Biafra. En años próximos, puede volver a estallar un conflicto semejante al de otras secesiones efectivas de África, como Eritrea o Sudán del Sur.

Sin embargo, existe la posibilidad que la tensión se resuelta de manera pacífica. Si el antecedente de Eritrea es una posibilidad atemorizante, el antecedente del referendo de Escocia es menos terrible. Esta propuesta ha circulado en Nigeria desde finales de enero de 2016, y es una solución tentadora por cómoda y aparentemente conciliadora (hay muchas dudas en torno a si es posible, si realmente evitaría el conflicto, etc.). Por ahora, el independentista que lideró desde Radio Biafra ha sido juzgado en Nigeria por traición, lo que sugiere que tomará tiempo antes que se consolide una oportunidad de conciliación; mientras, el temor es que la respuesta del gobierno sea demasiado pesada , provocando más agravios, o insuficiente, descuidado el riesgo que implica otra guerra de Biafra.