Occupy This

// Por: Staff

Mar 17 enero, 2012

 

Aquí, en Estados Unidos, vivimos un momento muy interesante. A la mayoría de nosotros —de derecha o de izquierda— nos gusta pensar que vivimos en una república democrática que funciona pero, admitámoslo: algo anda realmente mal. Cada vez parece más evidente que todo nuestro sistema de gobierno, en efecto, se ha convertido en un trabajo de pintura en lugar de ser una estructura real de poder. Si bien todo el mundo parece estar en desacuerdo acerca de lo que se debe hacer al respecto, la mayoría se preocupó bastante cuando se enteraron de los trillones de dólares gastados en rescates bancarios secretos que ocurrieron sin el conocimiento del público.

Por supuesto, parece que la solución sería eliminar el dinero corporativo de la política, dándole a los contribuyentes parte de la propiedad de su gobierno. Esto, probablemente, implicaría el financiamiento público de las elecciones: una idea que a la mayoría de la gente le aterra. Dicho esto, ganar una elección llega a ser tan increíblemente caro, que los políticos tienen que hacer muchas promesas que no necesariamente son del interés público. Por lo tanto, elecciones financiadas con fondos públicos podrían terminar ahorrándonos miles de millones, incluso billones de dólares.

El movimiento Occupy-Wall Street parece haber tocado las fibras sensibles de muchas personas de por aquí y es probable que, a corto plazo, no desaparezca. Aunque muchas de las afirmaciones del movimiento parecen culturales de una manera que no necesariamente representan al 99 por ciento, los estatutos sobre el poder y prioridades hacen sentido para un número creciente de personas.

Una reciente encuesta de Pew Research encontró que el 75 por ciento de nosotros creemos que el poder se ha concentrado demasiado en las manos de unos cuantos ricos. Esto significa que, entre la derecha y la izquierda, hay un creciente consenso de que algo está fuera de balance.
Sea cierto o no, el tema ha sido traído a la mesa y es muy probable que persista hasta que se aborde —esperemos que de manera real—, mientras el movimiento Occupy continúa influyendo en el debate público.

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ORIGINAL TEXT

By John McCrea
CAKE

We are in a very interesting moment here in the United States. Most of us—on the right and on the left—like to think of ourselves as a functioning democratic republic, but will admit that something has gone seriously wrong. Increasingly it seems that our entire system of government has, in effect, become a rather thin paintjob over the actual power structure, which is of course corporate. Everyone seems to disagree about what exactly should be done about it, but most people here were deeply troubled when they heard about the trillions of dollars in secret bank bailouts that occurred without the public’s knowledge or debate.

Of course, it seems the solution would be to somehow eliminate corporate money from politics, thereby giving taxpayers back ownership of their government. That would probably involve public financing of elections, an idea which gives most people the creeps. That said, when getting into office becomes so incredibly expensive, politicians have to make many expensive promises that aren’t necessarily in the public interest. Therefore publicly financed elections might end up saving us billions, even trillions.

The Occupy Wall Street movement seems to have struck a chord with a lot of people here, and is likely to not go away anytime soon. Although many of the movement’s assertions seem cultural in a way that doesn’t necessarily speak to the actual 99%, the core statements about power and priorities makes sense to an increasing number of people.

A recent Pew Research poll found that a whopping 75% of us believe that power has become too concentrated in the hands of the wealthy few. That means that there is growing consensus between the right and the left that something is out of balance. Whether or not Occupy Wall Street continues to influence the public debate, the subject has been brought to the table, and it is very likely to persist until addressed, either for real or, more likely — theatrically.