Radiografía Del Colapso

// Por: Staff

Mie 3 Agosto, 2011

 

Como todo el mundo sabe los últimos diez años han sido letales para la industria discográfica. Sin embargo, la crisis del disco no ha afectado del mismo modo a todos los territorios. Mientras países con un tradicional respeto por la propiedad intelectual –tal es el caso de Reino Unido, Francia o Estados Unidos– han ido sufriendo una caída significativa, aunque no dramática, de sus ventas, otros, como España o Portugal, se han desplomado barridos por el tsunami de la piratería.

En Estados Unidos la venta digital ya supera a la venta física. La industria norteamericana sigue ganando muchísimo dinero, cosa que les permite seguir exportando artistas/productos a nivel mundial con la fuerza de siempre, véanse Lady Gaga, Rihanna o Justin Bieber como últimos casos paradigmáticos. Mientras tanto en el Reino Unido, y a pesar de que la fiesta del britpop se recuerda con nostalgia, se sigue respirando una cierta calma. Hasta hace cinco años hacía falta vender más de 100 mil discos en una semana para ser número 1 en el Reino Unido. Hoy en día, exceptuando las semanas más fuertes del año, bastan 40 mil copias para lograr ese podio.

El desplome en la venta es evidente pero, en términos generales, los sellos más fuertes se siguen manteniendo porque, al igual que los norteamericanos, todavía son capaces de crear fenómenos a nivel global.

La cantante Adele, una chica rechoncha de Tottenham cuya voz esconde una capacidad extraordinaria para convencer a toda clase de audiencias, desde las musicalmente más cultivadas hasta las devoradoras de X Factor, sería el último ejemplo de ello. Adele ha sido lanzada por XL, casa de artistas indie como M.I.A o The Horrors, pero ha logrado encaramarse a lo más alto de las listas más importantes del mundo porque la producción de su álbum, que es una producción retro y mainstream al mismo tiempo, es un producto perfectamente calculado para gustar a públicos muy diversos.

Fenómenos tan distintos como el de Arctic Monkeys o Adele han mantenido en alto las espadas de la industria discográfica británica a lo largo de estos años difíciles.

En España, sin embargo, el desplome en las ventas ha sido tal que ha barrido por completo el mapa discográfico el país. Todos los sellos transnacionales han tenido que reducir sus plantillas a menos de la mitad de lo que eran hace seis años, viendo diezmados sus presupuestos hasta tal punto que les es prácticamente imposible invertir dinero en el desarrollo de nuevos artistas. Lo mismo ha sucedido a los sellos indie. Muchos de ellos han desaparecido; otros sobreviven como pueden.

Y en medio de todo este desierto, una flor. Porque el desplome de las ventas ha hecho que en España el modelo de negocio generara un nuevo modelo según el cual un artista, si es auténtico y es capaz de llegar a la gente a través de su música, del contacto directo con el fan vía Internet, y de unos shows en vivo de calidad, ya no necesita grandes infraestructuras para llegar a públicos masivos.

En España el top 10 de la lista de ventas ha sido colonizado en los últimos meses por artistas que, no sólo no pertenecen a grandes disqueras, sino que se mueven a través de infraestructuras prácticamente familiares, véase, management, booking, distribución y poca cosa más.

¿Y cómo es posible que haya sucedido tal cosa?. Por un lado las radios españolas más masivas dejaron de programar novedades, con lo que la gente pasó a ver en Internet: EL medio principal para buscar y descubrir música. Por otro, el hecho de que la gente dejara de comprar discos hizo que invirtiera ese mismo dinero en entradas para ver a sus artistas favoritos, con lo que la demanda de entradas para conciertos en sala y festivales se ha disparado en los últimos cuatro años. En general, hoy en día, cuanto mejores y más especiales son los shows de un artista, más gente atrae de forma exponencial. El paradigma de cómo se debe “romper” a una banda está cambiando en España, y la radio y la tele han pasado a un segundo plano, ante un público que demanda cada vez con más insistencia artistas “de verdad”, rechazando productos manidos y artistas de dudosa honestidad.