Suspicious Minds

// Por: Staff

Mie 12 mayo, 2010

 

En México ocurre “de vez en cuando” que los fracasos, resbalones y errores de alguien, pueden provocar extrema felicidad y bienestar “a unos cuantos”. Es como si por automático solo se contaran los días para que lo que un día subió termine por bajar; como si el triunfo y los éxitos de un ajeno fueran un pecado o un estorbo para alguien y debieran terminar a la brevedad.

He escuchado en repetidas ocasiones la analogía de que vivimos en una cubeta repleta de cangrejos que cuando ven a alguno a punto de salirse de ella, entre todos deciden jalarlo para que caiga, no lo logre y en una de esas no lo vuelva a intentar. Por nuestra historia y nuestra cultura intervenidas por el mestizaje y la doble moral, nos encanta decir que “ya nos chingamos” a alguien o que era cuestión de tiempo para que le acabara yendo mal.

En los recientes días, estuve involucrado en un mini escándalo mediático por algo que pasó en mi programa de radio (“El Tlacuache” que se transmite de lunes a jueves de 8 a 11 PM hora del centro de México, en cadena nacional de Los 40 Principales). Por un no muy afortunado comentario de uno de mis compañeros (que de inmediato ofreció una disculpa), pretendimos al aire que el show se había terminado (por la dinámica del programa este tipo de bromas son my recurrentes y no planeadas) y nos fuimos a descansar pensando en que nuestro público sabría que el juego era uno más de los tantos que hacemos al aire.

La cosa fue que mientras dormíamos algunos medios de comunicación (prensa escrita sobretodo) estaban preparando ya ,una nota referente a la “cancelación” del show con un toque dramático que exaltaba el comentario aquel desafortunado y el hecho de que “habíamos perdido la chamba”. Muchos fans del programa de inmediato reaccionaron y nos hicieron llegar los mejores deseos y hasta condolencias pero unos cuantos se regodearon de “vernos caer” y celebraron nuestra supuesta derrota.

Durante el fin de semana recorrimos las páginas de varios periódicos en el país que copiaron la nota y nunca se molestaron por corroborarla. De hecho, ni siquiera el que escribió la primera nota tuvo la molestia de preguntar si lo que pasó era cierto o no.

Lo verdaderamente jodido de esto es que ocurren otras historias que de verdad son graves y que de inmediato provocan este linchamiento social y mediático donde todo mundo tira piedras y luego esconde las manos. La doble moral de este país nos tiene justo en la situación tan difícil en la que estamos como sociedad.

Celia Lora (hija de Alex y Chela Lora de El Tri) tuvo un accidente de tránsito y mató a una persona de manera imprudencial. “Claro, con las fiestas que se acomoda era lógico que un día pasara…” escuché en varias personas y medios de comunicación en los últimos días. Curiosamente varios de ellos al igual que yo en algunas ocasiones hemos manejado en estados inconvenientes o por lo menos con aliento alcohólico alguna vez. Lo que le pasó a Celia no hay que minimizarlo y si venía con aliento alcohólico tendrá que pagar las consecuencias, pero de ahí a crucificarla públicamente en el momento más vulnerable y difícil de su vida, es un abuso lamentable.

De este lado del vidrio, como periodistas y medios de comunicación siempre estamos expuestos a los errores, pero nunca debemos olvidar la responsabilidad que tenemos en las manos. Jugar a la cubeta de cangrejos ya no es una opción si queremos tener una mejor sociedad que además tenga los medios que de verdad merece.