Teri Gender Bender, La furia como una forma de expresión #MéxicoEnElMundo

// Por: Staff

Mar 15 noviembre, 2016

Fotos cortesía del artista

//Por: Diovanny Garfias

Estaba con mis papás. Mi mamá estaba vuelta loca y muy encabronada porque mi papá había subido el volumen del estéreo al 100% (estaba borracho y acababa de comprar unas bocinas). El sonido que salía a todo dar me enchinó los pelos del cuerpo. La causante de la histeria era la ‘Sinfonía n.º 40’, de Mozart. Toda la tensión cinematográfica y vibrante que despertaba entre mi familia fue un momento muy impactante para mí.

Ella es Teri Gender Bender, la mente detrás de Le Butcherettes, una mexicana destacada en el mundo de la música por su capacidad para entregar bestialidad sonora a través de las cinco cuerdas de la guitara cada vez que pisa un escenario. Sin embargo, en este momento no estoy frente a ese demonio de ropas escarlatas y maquillaje estropeado, mi pregunta me ha dejado de cara a Teresa Suárez, que viaja al pasado para recordar el momento exacto en el que tomó conciencia de la música, para nunca más abandonarla.

Antes de que terminara la sinfonía ya había llegado la policía y mi padre aún se rehusaba a bajarle, hasta que entraron a la fuerza, todo porque mi papá era un rebelde y para él el volumen alto era un lujo, decía que después de tanto trabajar pudo comprar sus bocinas y que era su derecho subirle “a la música de Dios”.

Recuerdo que le lloré a los policías y les supliqué que lo dejaran en paz, que sólo era música, pero nadie me veía… ¡sólo era una niña de tres años! Todo el drama envuelto con la sinfonía me dejó queriendo crear algún sentimiento similar.

Hoy, Le Butcherettes es una de las bandas icónicas del punk contemporáneo, con tres discos en su haber (Sin Sin Sin, de 2011; Cry Is For The Flies, de 2014, y A Raw Youth, de 2015) y una trayectoria de casi 10 años, envidiable para cualquier proyecto independiente, basada en trabajo, esfuerzo y coherencia profesional.

Mientras Teri gesta nueva música, lista a ver la luz el siguiente año, y realiza una gira por Europa, nos enfrascamos en una charla en la que recorremos —en la medida de lo posible— un viaje a través de la psique de esta fiera concebida en el estado de Jalisco.

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Le Butcherettes se originó en un momento en el que pasaban cosas bastante interesantes en Guadalajara, a nivel musical. ¿Qué factores crees que hicieron del estado algo tan fértil para la música en ese momento específico?
La opresión y el hambre, en todos los sentidos, pero sobre todo el deseo por investigar diferentes formas de expresión que se van convirtiendo en un movimiento visceral.

Guadalajara es una tierra preciosa que está siendo deteriorada por la forma en que la tratamos. La contaminación empeora y generalmente la mentalidad es muy cerrada, así que la gente que es diferente sufre mucho. Por otro lado, aquellos que se destacaron en determinado círculo social (escolar, familiar, laboral) buscaron formas de unirse a algo más grande.

Hay muchos factores. Hay que tomar en cuenta que muchos artistas también vienen de familias disfuncionales, muchos fueron abusados cuando niños y buscaron una forma de unirse a Dios, pero no aquel de la religión, sino el del todo, eso también puede formar parte del motivo por el que muchos han entregado su vida a crear; claro, muchos otros somos autodestructivos para poder llegar al proceso de sanarnos. Creo que al final buscamos sanar nuestra mente, calmarla, porque después de presenciar tantas injusticias uno se vuelve insensible e incapaz de relacionarse con el dolor, o uno explota y decide hacer algo.

¿Qué crees que hizo que un proyecto como Le Butcherettes se volviera tan atractivo para el público global?
Es una buena pregunta, lo pienso cuando la gente va a nuestros shows o colaboro con personas que admiro. Creo que es cuestión de trabajar duro y disfrutar, no tomarte tan en serio, pero eso sí, debes proteger tu arte con la vida. Creo que Le Butcherettes tiene una historia muy distinta. Desde que perdí a mi padre (la razón por la que regresamos a Guadalajara) y me fui a Estados Unidos a seguir tocando con la banda… Es una historia de vencer muchos obstáculos y lograr cosas grandes, con muchas texturas tanto en lo personal como en lo artístico.

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Si algo distingue a la banda son sus presentaciones en vivo. ¿Hay alguna que recuerdes con especial cariño por alguna razón en particular?
Recuerdo cuando disloqué el brazo de un hombre, en un show de 10 a 30 personas en un antro de narcotraficantes, en el corazón de Guadalajara. Fue un accidente hermoso, lo cargué sobre mi espalda y lo tiré al suelo, y cuando se levantó su brazo estaba colgando. Él sólo se reía y al final de la noche me dijo que le invitara una cerveza, que todo estaría bien.

Ese es el espíritu mexicano, nos sabemos llevar al extremo. Si eso hubiese sucedido en Estados Unidos o, no sé, en Dinamarca, me hubieran arrestado y demandado.

Justo ahora estás de gira por Europa. ¿Qué es lo que más extrañas de México cuando no estás aquí?
Extraño mucho mi cuarto en Guadalajara, era mi refugio cuando salía de la escuela. Extraño los paseos por la colonia Roma, la Condesa… antes de que fuera un lugar hipster [ríe]. Extraño a mis abuelitos y su casita donde siempre me hacen sentir bienvenida, también en Guadalajara. Extraño Avenida Chapultepec, donde iba a visitar a mis amigas; por ahí hay unos cafés deliciosos que jamás podré encontrar en ninguna parte del planeta. Extraño manejar en Guadalajara, es el único lugar en donde no temo hacerlo y no necesito un GPS. Extraño a mi hermano Erik y extraño tener 15 años, en los campos que están a las afueras de Guadalajara, donde iba de vez en cuando con mis amigas a celebrar la vida y huir de nuestros miedos, con risas incontrolables.

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Siendo una mujer mexicana que reside en el extranjero, ¿cuál es tu perspectiva de nuestro país? ¿Cómo lo ves desde afuera a nivel sociocultural?
«Me da un bulto de coraje [sic] porque la mayoría de la gente ignorante ve a México como una fiera drogada. Creo que se debe a la burocracia y, sobre todo, a las grandes injusticias que suceden y la forma en que son transmitidas por los medios. Sí, puede ser una fiera drogada pero es mucho más que eso, es uno de los países cuya historia es de lo más inspirador, es surrealismo en su punto más fino. Si tan sólo supieran que hay tanto arte que sale de mi querido país a enriquecer la vida anglosajona.

Sí, México tiene problemas, pero ¿qué país no los tiene? Lo que más me entristece es cómo los americanos de ascendencia latina menosprecian sus raíces. Por otro lado, en cuanto más lejos viajo descubro que existe más admiración por México, pues hay un aire de romanticismo en lugares como Australia y Asia, por ejemplo. En Alemania también quieren mucho a los mexicanos, pero se ven pocos por Europa.

Creo que la bronca es la manera en que Estados Unidos ha tratado a los mexicanos que buscan alcanzar oportunidades nuevas. Es cuestión de vivir México, respirarlo, para así entender la belleza y el poema que es.

Regresando a lo musical, A Raw Youth es un disco más refinado y dinámico en cuanto a su sonido, sin perder la actitud punk del proyecto. ¿Fue complicado llegar a ese resultado?
Para nada, todo surgió de manera natural, sobre todo porque mi equipo, los ingenieros y el productor, me conocen muy bien y conocen muy bien a la banda. Cuando me comunico con ellos me entienden y confío mucho en Omar y en su sentido de producción, lo cual respeto mucho.

Antes de grabar vemos películas y le describo lo que quiero en cuestión de texturas y registros, a veces las uso para expresar bien el filtro de sonido que quiero en una canción, (por ejemplo) ‘Gloria’ (de John Casavettes), y de inmediato entiende a lo que me refiero.

También tiene que ver la consola que se usa en la producción. He tenido la suerte de trabajar con la de John Lennon (Neve 8068), pero siendo honesta nadie se va a dar cuenta —aparte de los ñoños— si una producción fue hecha con una consola de Talking Heads o con una moderna, de poca calidad.

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Este nuevo disco, como Cry Is For The Flies, cuenta con varias colaboraciones. ¿Qué buscas cuando estás en el estudio con otro músico? y, en ese sentido, ¿cómo fue grabar con gente como Iggy Pop, Shirley Manson o John Frusciante?
No lo busco, sólo aparece frente a mí. Inconscientemente me relaciono con personalidades únicas, incomparables, gente con carisma. No se trata tanto de la técnica, sino de la huella que uno tiene en su estilo propio.

En ese sentido he sido muy afortunada de estar rodeada de gente que admiro y que, con la gracia de Dios, ha sabido apreciarme. No estaba acostumbrada a ese sentimiento cuando vivía en Denver o incluso al principio, en Guadalajara (muchos bullies), pero creo que el aprecio se gana, desafortunadamente. Quién sabe… fue increíble grabar con ellos, sobre todo porque fue muy tranquilo y el proceso siempre incluye hangear, y de ese hangeo y plática surge la inspiración para crear algo juntos.

Para terminar, siempre quise saber cómo se conocieron Omar (Rodriguez Lopez) y tú, ¿sabías que harían una gran mancuerna desde el primer momento?
Parte de mí presentía que me iba a encontrar con un ser que me entendiera y que me apoyara en el campo artístico, sin explotación alguna. Nunca imaginé que ese alguien sería Omar. Nos conocimos en el F-Bolko, en Guadalajara, donde Le Butcherettes estaba tocando. En ese momento Omar me invitó a comer, porque de inmediato se interesó en producir un disco para mi banda.

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Y terminó influenciando su sonido…
Su influencia en cada álbum es prominente, siempre he pensado que ayuda a que cada LP acabe de diez. Es lo increíble de trabajar juntos, cada vez entiende mejor la visión que tengo y por eso cada disco crece en cuanto producción, es una amistad que inspira de ambos lados.

¿Qué es lo más valioso que le aprendiste?
Omar me recordó que soy una buena compositora, de música y letras, desde el momento en que lo conocí. Nadie me lo había dejado tan claro como él.

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