To Kingdom Come: Una nueva industria se erige

// Por: Staff

Lun 30 Agosto, 2010

Por: Alejandro Franco
Director General de WARP
www.twitter.com/AlejandroFranco

Escribo esto aún conmovido por el concierto de Passion Pit el pasado sábado en la Ciudad de México. La noche fue perfecta pero con todo y el avasallador éxito no fue un concierto que se pueda explicar fácilmente con palabras por diversas razones.

Primero que nada porque se trata de una banda nueva con un solo disco en su historia que ha tenido atención mediática en México aunque no de una manera masiva o muy exagerada. Sí, es un hecho que son la banda de moda, que muchos de los que fueron al concierto seguro se saben no más de dos canciones y también es un hecho que no llenaron el Auditorio Nacional sino un foro de poco más de 3mil personas, pero desde mi punto de vista lo que pasó el sábado sí se puede calificar como fenómeno.

Un fenómeno que poco o mucho tiene que ver con que haya sido Passion Pit quienes se presentaron el sábado y que ya hemos visto con otras bandas como Justice, Phoenix y en una mayor escala con Kings Of Leon. Para explicarme mejor tengo que contextualizar a los menores de 25 años acerca de que los conciertos en México no solían ser como son ahora. Yo formo parte de una generación a la que le tocó ver el accidentado inicio de una industria de conciertos en México que no sabía ni siquiera de qué tamaño era el público potencial al que estaban dirigidos en el caso del rock, la electrónica y la música alternativa. Detrás de estos esfuerzos hay y hubo decenas promotores, festivales, disqueras, managers, bandas, medios de comunicación y “kamikazes” que sin saber bien de qué se trataba todo, iniciamos una carrera de obstáculos según nos lo iba dictando nuestro conocimiento empírico.

Tanto he criticado yo a la industria nacional desde esta trinchera que me siento con el compromiso y obligación de comenzar a enumerar también sus aciertos. Estamos corriendo el año más importante que ha tenido México en cuanto a conciertos internacionales se refiere. El país está en crisis, cada día hay malas noticias pero como si fuera “una estrella más del Bicentenario” la industria musical alternativa la está pasando tan bien como otros países que tienen un contexto mucho más grande y saludable que el nuestro. ¿En una sola semana en eventos públicos y privados de marcas, promotores reconocidos e independientes: Shy Child, Smashing Pumpkins, Wolfmother, Devendra Banhart, Passion Pit y varios más en por lo menos tres ciudades de la República Mexicana? Wow. Y eso que apenas vamos arrancando…

Ahora bien, no me quiero desviar del tema que me motivó a escribir este texto. Les decía que la industria no solía ser así y por experiencia propia les cuento que incluso, este tipo de conciertos parecían solo interesarles a un cierto sector del público mexicano cuando ser “hipster” no era aún una variante de ser “fresa” en nuestro país. Y ocupo etiquetas solo para contextualizar de mejor manera lo que quiero explicar porque al igual que en la música me molesta clasificar a la gente como si fueran géneros musicales.

Pero abusando de mi propia convicción, debo decir que antes “los fresas” iban al “antro” y “los rockers” a los conciertos. Claro, antes la radio era distinta, los canales especializados en música sí transmitían música y el Internet no era una herramienta tan poderosa como es ahora, pero además de todos estos factores, creo que por primera vez podemos decir que en México la escena rockera electrónica alternativa (de verdad odio los géneros) ha llegado al mainstream y es un producto rentable.

Todos los involucrados en tratar de generar una escena lanzamos durante años balas perdidas en todas las direcciones y nunca pensamos que le fueran a pegar a este nuevo público objetivo de la escena independiente musical mundial. Un público que en otros tiempos se hubiera proclamado en contra de la música alternativa y que de manera natural era detractor de los melómanos de la vieja escuela. Se trata de jóvenes de entre 18 y 24 años, universitarios (de instituciones de paga), algunos de ellos con sus primeros trabajos, con auto propio y que han salido fuera de México incluso a festivales o conciertos. Y si bien la música es universal y tiene la fortuna de pode gustarle a cualquier persona no importando su raza, creencias o estatus económico, los conciertos en México empiezan a llenarse de este “target” que cambió las salidas al “antro” por ir a saltar y cantar con una banda de rock. Moda o no, es innegable que está pasando.

No demerito el triunfo de Passion Pit y sus cualidades como banda; al contrario, los celebro. Pero celebro aún más que estemos entrando a una etapa de una industria de conciertos nacionales e internacionales saludable que ya no se sostiene con alfileres.

Foto: Sergio Gálvez

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