Entrevista con Andrés Cervilla de Infibeat

// Por: WARPcr

Mie 27 noviembre, 2013

Andrés Cervilla es de esas personas con las que se puede conversar por horas de música o viajes o esas cosas que parecen minúsculas (pero son las que en verdad nos hacen conectarnos con la gente). Hace unos años él se desempeñaba como el trombonista de Nonpalidece, Cantoamérica e incluso intervino por un tiempo en Amarillo, Cyan y Magenta, junto a su amigo Andrés Cordero.

Ahora, él y Cordero pertenecen a Infibeat, un sexteto que solía decir que era “funk con problemas de identidad”. Tras la producción de este material, Cervilla me cuenta que la búsqueda ya no es un problema, sino un objetivo: el funk está presente y el camino que tienen por delante se encargará de enriquecerlo o construirlo de la manera más original que puedan.

Quedé con Cervilla de verme en un café de San José el jueves antes de que presentaran el disco. Cuando llega, se sienta en la mesa y saca inmediatamente una caja del disco un poco arrugada y me empieza a conversar sobre la portada y de como el concepto inicial cambió durante el proceso. Inmediatamente enciendo la grabadora y se ríe, porque no pretendía iniciar de golpe. Andrés viene de dejar el material para que se inicie el prensaje y se le nota emocionado (y cansado) por la diligencia.

Sin plantearlo ese fue el primer tema que tocamos en nuestra entrevista, donde él resaltó una vez más la importancia del proceso para lograr el “aterrizaje” de la banda y sus ánimos de que ese mismo proceso se contagie a otras bandas con el fin de crear una identidad local a través de la música, una idea que, espera, moldee un disco a futuro.

—Carlos Soto

Soto: Creo que la portada representa dos cosas: por un lado la pintura con un color tan fuerte representa un cambio notorio. Además, el hecho de que sea un busto me hace pensar que ven la mente como un lienzo en blanco y que ese lienzo es un trabajo en proceso.

Cervilla: Lo bonito es eso, que tiene muchas interpretaciones. Cuando nosotros hablamos de esa portada quisimos desapegarnos un poco de nuestra idea y dejar espacio a la libertad creativa a alguien más, alguien que no está en nuestra rama, porque nuestra rama es la música. Entonces nos limitamos a decirle a Alfredo [Alfredo Enciso, diseñador y creador del FID] “mae, use esta letra como referencia” y la letra que usó fue la de ‘Aguacero’, porque teníamos clarísimo que al disco queríamos ponerle “Aguacero”.

(…)

Me gustó esa libertad y poder tener un diseñador al que le pudimos confiar algo así. Me agrada también haber dejado libre interpretación, porque en cierta forma la música se presta para algo así, también. El disco está lleno de metáforas y algunas ideas abstractas; en ese sentido, creo que la carátula se puede asociar con la música.

Es interesante esa unificación. Hay una letra con la que ustedes han caracterizado el disco que dice “el aterrizaje de un sexteto” y pertenece precisamente a ‘Aguacero’. Quizá es la línea más importante del disco porque por lo que veo representa el momento en el que están, un momento en que ya se asentó la banda.

Sí, tiene que ver con la consolidación del grupo que nació como algo que en realidad queríamos hacer. Empezamos a hacer versiones de otras canciones sin tener propias, hicimos un primer concierto en donde tocamos estándares de jazz en versiones propias. (…) Pero no es hasta que entra Fabrizio [Walker, cantante] y vuelvo yo al país en 2010 es que ya empezó a formarse bien. A partir de ahí empezamos a cambiar un montón de varas, nos volvimos más disciplinados, empezamos a componer en función de una canción, no tanto temas instrumentales, osea fue cuando realmente empezamos a trabajar como grupo.

Entonces ese “aterrizaje del sexteto”, tiene que ver mucho con… Ah bueno y otra cosa loca es que esa pieza en un inicio se llamaba ‘Infibeat’ y la autoría es mía y de Fabricio [Walker, cantante de Infibeat]. Yo la escribí cuando aún no había regresado al país para tocarla con ellos cuando volviera, como una forma de decir “qué dicha que estoy de vuelta”.

Cuando por fin nos vimos, le dije a Fabrizio “mae, por qué no le hace una letra” y a la semana siguiente el mae llegó con esa letra de memoria y ahí fue cuando se logró esa emoción tan impresionante con respecto al grupo.

A partir de ahí se generó una simbiosis gigante en el grupo, y en ese tiempo no sabíamos que al disco le íbamos a poner “Aguacero”, pero definitivamente es una pieza que nos identifica y tiene que ver con lo que estamos tratando de hacer. (…) El aguacero no es Infibeat, el aguacero es la unión, “gota a gota”, de todas las personas que están creando algo o concibiendo algo.

¿Cree que el aterrizaje del sexteto vino de la mano del proceso o del producto final?

Pues todo ocurrió de manera muy natural y eso es algo que me tiene súper feliz, pero definitivamente el aterrizaje no es este disco, de hecho, me llamó mucho la atención algo que usted me dijo ahora que usted escucha el EP y escucha el disco y para usted sigue siendo la misma banda pero curiosamente en este disco se incluyen las primeras piezas que se hicieron y el EP tiene material más nuevo que el que viene en este disco.

Yo interpreto que el aterrizaje es cuando por fin nos ponemos manos a la obra. El aterrizaje es manos a la obra y digamos el disco es lo que decantó de ese aterrizaje, sin duda, que tiene que ver un montón con habernos puesto las pilas a ensayar, a componer, a querer profesionalizar el proyecto.

El EP lo grabaron en simultáneo y en esta ocasión sí hay tomas separadas…

Sí, fueron procesos distintos.

¿Usted siente que eso benefició la grabación o que más bien eso pudo haber matado la chispa que surge cuando ustedes interactúan, tocan en vivo?

Yo creo que ambas (ideas) son válidas. Quizás grabar en simultáneo genera muchísima más presión. Pero ambas son válidas. El disco pese a que se grabó por separada tiene un sondo bastante orgánico y se planeó bien esa interacción. Por ejemplo, las bases se grabaron en simultáneo. En esta ocasión pude experimentar y grabar una línea del trombón con un micrófono y doblar esa misma línea usando una sordina, entonces se lograron colores distintos.

Oyendo el disco con atención uno se da cuenta de la demencial cantidad de capas de guitarra que hay (…) Andrés experimentó con varios bajos, Daniel con varias guitarras,… Todos experimentamos y dio un buen resultado, porque se mantiene esta estética humana, el disco es lo que nosotros tocamos, no hay por ejemplo, copy-paste de tomas o ediciones o auto-tune e inclusive hay errores que quedaron, como uno en un solo mío… se buscó eso, decir “esto es lo que tocamos”. Obviamente se corrigieron otras cosas y hubo que regrabar pero es parte de esto.

Usted dice que en el disco queda plasmado lo que ustedes tocan, pero también está la mano de varios colaboradores que meten instrumentos que no están ahí normalmente. Felipe Fournier toca vibráfono, Federico Granados saxofones, ‘Momo’ Valverde guitarras,…

Sí, pero yo creo que eso es parte de lo que usted tiene en el tablero para jugar (…) creo que lo más importante es que se puede defender en vivo y lo digo con toda franqueza. Es muy frecuente escuchar grupos que lo sorprenden a uno en la grabación y en vivo no. Pasa muchísimo en bandas de todo lado. Pero es chiva escuchar un disco y poder decir “sí, ese soy yo”, sin tanta cirugía de por medio.

Con tanto que hay por hacer qué feo sería limitarse a solo la visión de uno. Qué tal si en ‘Los Perros de Scott’ solo hubiera habido un solo de guitarra. Pero no, aportaron cuatro guitarristas y cuatro con cosas totalmente distintas; es ese tipo de sabores que también es chiva tener.

El sonido del disco tiene que ver mucho por el papel de un mae como Tomás [de Camino, productor conocido como Autómata], yo no sé si nos hubiéramos sentido cómodos con un mae que nos hubiera recetado auto-tune o un ame que esté volando tijera (que no sé si en un futuro trabajaríamos con alguien así) pero esta fue una vara que definitivamente sirvió, esa forma relajada de trabajar que es muy parte de la estética de producción de Tomás.

Sí, una pifia en un solo hubiera sido suficiente para otro productor para borrar todo de un solo…

O que no hay cuantización, por ejemplo, ese tipo de cosas hiper-rigurosas que tienden a haber en las producciones de discos. Aunque se han mermado un poco, de repente. Y lo que pasa es que (Infibeat) no estamos haciendo pop tampoco, por dicha esa vara está clara…

Esta fue una producción conjunta, no podría decir que fue solo nuestra porque el sello de Tomás se siente en este disco. Es un sonido nuevo el que nos sacó ese mae; si usted compara los otros discos que ha trabajado él, este se siente diferente, pero siempre está la esencia de él y eso me gusta. Y obviamente tiene que ver con lo orgánico del sonido.

¿Han compuesto más canciones? ¿Piensan ya en un nuevo disco?

Hace poco hice una canción que se trabaja sobre unos patrones que aprendí en Colombia de música afrodescendiente pura. Porque aquí nos llega la cumbia y el vallenato, pero vieras lo que es la música negra de Colombia. Se llama currulao… También queremos hacer rescate de cosas más criollas costarricenses… Digo, no me quiero adelantar pero… Dentro de todo este proceso de búsqueda es interesante encontrar cosas nuevas que a uno lo inspiran. Por ejemplo, a mí me encantaría para un próximo disco ahondar en varas costarricenses, más allá de lo que todo mundo conoce.

Me encantaría ahondar en qué es lo que pasa en Cañas de Guanacaste con la vara de los quijongos guanacastecos. O aquí en San José el único grupo que habla del calypso limonense es Cantoamérica… ¿Por qué los grupos están haciendo un montón de varas de afuera y no se les ha despertado la chispita de saber qué ha pasado en Costa Rica musicalmente? Aquí hay muchísimo para explorar. Señor Loop, que no los conocía tan bien me volaron la cabeza en vivo porque usted identifica de dónde son, por la estética del sonido. Café Tacvba tiene esa misma vara, esa esencia que deja ver de dónde son.

Están pasando muchas cosas aquí, se está haciendo un nivel de música rajado, grupos como Foffo Goddy que son una caballada o estas chicas de Passiflora que también me dejaron la boca abierta.

Me gusta que haya gente investigue y rodee caminos que no se han explorado, yo como artista, como músico lo hago y me alegro de estar con gente que hace lo mismo. Siento que hay mucho por descubrir aquí, mucha pasta inexplorada, y los ticos, inmersos en esa comodidad en la que vivimos no nos damos a la tarea de investigar este tipo de varas. yo lo reconozco, no sé qué pasa musicalmente en Puntarenas y tiene que estar pasando algo, no puede ser que no. Y todo esto me hace pensar en el montón de cosas que hay por hacer.

(…)

¿Qué pasa si uno conecta a artistas e hip hop de Limón con gente de acá [la GAM] que tal vez tiene más recursos o ideas nuevas de proyectos? Ahí es donde yo pienso que va —sin querer sonar pretencioso y sin ningún afán de redención— pero yo siento que si estas cosas se logran, hacía ahí va una especie de identidad artística que ha estado ausente, ha sido ambigua. No ha habido una vara que ¡PAM! impresione, se sienta sólida, como en México. Y tiene que haber artistas que puede que lo estén haciendo, sin duda los hay, pero yo siento que hace falta ese sentimiento regional en el arte costarricense, pero muchos músicos y artistas tenemos la tarea de ahondar en eso y poder generar una identidad real a través de nuestro arte.