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Coachella reporta sus peores ventas en 10 años: ¿Qué significa esto para la industria de los festivales y conciertos?

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Esta semana se dio a conocer que Coachella presenta sus peores índices de venta, lo cual podría ser, no solo un síntoma de una crisis para el festival sino también el símbolo de cambio para toda la industria de los festivales y conciertos alrededor del mundo.

Sabemos que para gustos colores; pero al menos durante los últimos veinte años, había argumentos sólidos para decir que, junto a Glastonbury, Coachella era uno de los dos festivales musicales más importantes del mundo, al menos en el ala del mainstream.

Así lo posicionaron sus carteles, la mística de su ubicación, las celebridades que acudían y los mitos construidos alrededor de su mística como experiencia completa.

Sin embargo, apenas esta semana se dio a conocer que el festival ha registrado sus ventas más bajas en una década: luego de hilar varios años de agotar sus boletos para ambos fines de semana en cuestión de minutos, este año año tardó varios días en declararse el sold out para el primer fin de semana, y para el segundo, aún se encuentran tickets disponibles.

Como era de esperarse, el primer culpable señalado fue su línea up: que este año es encabezado por Tyler The Creator, Lana del Rey, Doja Cat y el regreso de No Doubt, sumado a Peso Pluma, Blur, J Balvin y mucho más.

Sí, es cierto que por diversas razones, podríamos decir que es una oferta floja en comparación con años anteriores y sobre todo con los rumores que circulaban meses antes de la develación oficial y que incluían a Taylor Swift, The Rolling Stones, SZA y hasta un farewell set de Stevie Wonder parecido al que dio Elton John en Glastonbury el año pasado.

De entrada, por los headliners, que no es que desmedezan en su calidad musical pero carecen de novedad alguna: Lana del Rey viene de más de un año de tour en el que visitó todas las ciudades importantes de Estados Unidos y en el que, además, nos recordó que su perfil responde a contextos mucho más íntimos que a lo exige un escenario principal de COACHELLA, con todo y su parafernalia.

Luego está Tyler The Creator, que cumple el sueño de pasar de fan del evento a ser uno de los nombres principales del mismo; pero que, sin un disco nuevo en el horizonte, se siente redundante luego de un épico set en el Camp Flog Gnaw, un festival organizado por él mismo que llegado Coachella, apenas habrá seis meses de distancia entre uno y otro.

Finalmente Doja Cat, que más allá de sus escándalos y controversias, aún se siente sin las cartas suficientes para ser uno de los actos principales de una fiesta como Coachella.

Después, al explorar el resto del cartel, bien podríamos encontrar razones para pagar un boleto, sobre todo aquellos actos que en 2023 entregaron discos fabulosos o artistas que irrumpieron en el panorama global e incluso algunos otros que se terminaron de consolidar: Lil Yachty, Victoria Monet, ATEEZ, Peggy Gou, Sabrina Carpenter, entre muchos otros.

Nombres que viven bajo esa condición de artistas de frescos y de peso pero que difícilmente repetirán al mismo tiempo en otros festivales.

Algo que sí podríamos pensar de Peso Pluma, Blur -que viene de un tour mundial en 2023-, Jungle, Khruangbin, etc.

El caso es que sí bien no es un cartel malo, le falta balance y carece de actos exclusivos, lo que nos lleva a otro problema: en años recientes, esos actos “exclusivos de Coachella” han terminado por ser un auténtico dolor de cabeza para el público pero también para la organización del evento: las cancelaciones e imprevistos relacionados con Frank Ocean, Kanye West y Travis Scott han mermado la confianza de los potenciales interesados en asistir y que eran el principal aliciente para gastar entre 500 y 2000 USD por asistir al evento.

Una crisis multifactorial

El cartel es un factor pero el déficit en la venta de boletos de Coachella responde a varias cosas más: la primera y la más importante es la crisis económica que atraviesa Estados Unidos y que se ha reflejado en inflación, aumento en el índice de desempleo y especulación desmedida de su estructura crediticia.

En ese escenario, pagar 1000 USD por un festival para el estadounidense promedio no es prioridad, y menos para el actual público objetivo del festival: jóvenes entre los 21-25 años que han visto cómo las colegiaturas de sus universidades aumentan de manera progresiva.

Ya con esas cifras en mente, también se ha puesto en entredicho la experiencia misma del festival: que antes, en el desierto, se antojaba como algo casi exótico; pero que ahora, por lo que cuesta y la falta de disposición sociocultural del estadounidense común hacia las condiciones “apremiantes”, hace que la cifra deje de valer la pena, sobre todo cuando ya hay ofertas similares a lo largo y ancho de su país.

Antecedentes

De hecho, este no es un bache inédito para el festival, ya que la crisis económica de 2008 originada por la especulación desmedida de créditos hipotecarios + la lenta recuperación financiera post-huracán Katrina, agregada a la falta de una renovación en la baraja de headliners, también ocasionó una ralentización en la venta de boletos.

En aquél momento, la solución fue ofrecer descuentos designados bajo circunstancias específicas y darle un giro al perfil curatorial del cartel, sobre todo dándole más peso a artistas afrodescendientes: el legendario set de Prince en 2008 y los primeros headliners Hip Hop: Jay-Z en 2010 y Kanye West en 2011. Incluso último terminó dando uno de los mejores shows en la historia del festival como parte de la promoción de su obra maestra: My Beautiful Twisted Dark Fantasy (2010).

La Competencia 

Todavía hoy COACHELLA significa a una experiencia atractiva para el público extranjero, que según datos del propio festival, representa entre el 25 y el 30% de sus asistentes totales.

Sin embargo, dicha aspiración empieza a diluirse. No solo por el costo (que en muchos sentidos, resulta un gasto incluso más accesible que para los locales), sino también por la oferta.

Buenos o malos carteles, sus artistas ya resultan una posibilidad real para públicos de casi todo el mundo.

Si partimos del contexto mexicano, prácticamente todos los headliners de las cinco ediciones de Coachella han pisado nuestro país en festival o en shows solitarios: Billie Eilish, Harry Styles, Bad Bunny, Blackpink, Tame Impala, The Weekend, etc.

Para un país que apenas en los últimos dos años también recibió actos monstruosos como Dua Lipa, Travis Scott y que aguarda por Kendrick Lamar.

Y los que no se han presentado aquí, es probable que ni siquiera tengan mercado suficiente México para tener ese mismo estatus aquí: Childish Gambino, Ye o incluso el mismo Frank Ocean, basados en la experiencia del Hip Hop anglosajón en estos lares.

Y de nombres pequeños y medianos ni hablamos: porque, otra vez, salvó los actos Hip Hop, prácticamente todo lo demás ha tenido su oportunidad en nuestro país y América Latina.

El fin del FOMO

Después habría que hacer una reflexión sobre un fenómeno sociológico derivado de la pandemia que, en primera instancia, favoreció a la industria de los espectáculos en vivo; pero que ahora empieza a tener el efecto inverso.

Tras el final del confinamiento, la urgencia juvenil por recuperar el tiempo perdido nos llevo a exponer nuestra integridad física, emocional, psicológica y financiera con tal de estar en todos los eventos posibles, al menos en las ciudades grandes y acostumbradas a recibir esa clase de oferta cultural.

Se vio en México, en Estados Unidos y en todo el mundo.

Un breve periodo entre dos y tres años en el que el público joven intentó ir, literalmente, a todo.

Un ritmo insostenible para la mayoría desde prácticamente cualquier óptica.

Ahora, con el desgaste físico y mental a cuestas y esa crisis económica respirando en la nuca de todos, ha llegado la hora de pensar mejor nuestras batallas a la hora de elegir a qué vamos y a qué no, por lo que una opción como Coachella -que además requiere de otros gastos secundarios más allá de los boletos- es totalmente prescindible.

¿Crisis?

Hablar de una crisis en la industria de los conciertos y los festivales podría ser muy aventurado al menos a estas alturas del partido; sin embargo, los problemas que atraviesa esta edición de COACHELLA sí podrían representar un símbolo en el cambio en la dinámica que había llevado el negocio en los últimos años y que también tiene relación con el estado de la industria musical en general.

Porque lo que hoy vive COACHELLA ya lo está viviendo también Vive Latino y Corona Capital en México, así como otros festivales de Sudamérica como Estereo Picnic y los Lollapaloozas a los que les ha costado agotar sus accesos en su más reciente edición.

Las crisis económicas sumado a la falta de nuevas grandes bandas/artistas finalmente ha generado que el público, y sobre todo el joven, se harte.

La ambición de disqueras y servicios de streaming no ha sido proporcional a su interés  por renovar el ecosistema de proyectos que a su vez nutren a medios, marcas y por supuesto, conciertos y festivales.

Lo que ha obligado a esos mismos festivales a aferrarse a su público base -cada vez menos “joven”- aún sabiendo que ese público eventualmente tendrá otras prioridades y dejará de consumir.

Y no solo es un tema de la oferta artística, también pasa por la experiencia que ya empieza a sentirse repetitiva en un mundo regido por la hiper estimulación y la novedad.

Es por eso que el futuro parece estar en los eventos de nicho con formatos especiales.

Festivales como When We Were Young (festival de Pop Pun) , K Pop Lux (Festival de K Po), , Movement Fest ( festival de Techno), Festival Arre (Festival de Música Regional Mexicana) o Flow Fest (Festival de Reggaeton y Trap) parecen tener mucha más energía de presencia y consumo que aquellos que se han vendido como eventos de música en general.

Y cobra sentido si consideramos que la música cada vez se trata menos del nombre del artista y más de la experiencia colectiva: la experiencia colectiva de saber que tienes la misma pasión que otras 80 mil personas a tu alrededor.

Y si a eso sumamos propuestas como la del mencionado When We Were Young que este año presentará sets de discos icónicos de todas las bandas programadas, la experiencia colectiva se conjuga con la nostalgia para crear un combo muy atractivo.

La aguas se mueven en el negocio a un ritmo desquiciado; pero queda claro que ni siquiera las grandes insignias -como Coachella- están exentas de verse en entredicho si no están dispuestos a aceptar lo que ya no funciona para vincularse de manera más amable al cambio.

El tiempo dirá.

F1

Te presentamos los autos de la F1 2024

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A tan solo unos días de que la temporada 2024 de la Fórmula 1 de comienzo (2 de marzo), fueron presentados los nuevos diseños de cada uno de los pilotos, adelantándose tres días respecto a la del año pasado, repitiendo la sede del Gran Premio de Bahréin. Como es costumbre tendrán lugar los habituales test de pretemporada, quedando concentrados en tres jornadas que abarcarán del 21 al 23 de febrero.

Es por ello que el esperado momento de las presentaciones con sus equipos completos se ha dado a conocer. Un acontecimiento en donde cada uno de ellos presenta alguno de los rasgos de sus nuevos monoplazas, así como colores elegidos para la siguiente temporada.

Te presentamos los nuevos modelos a continuación:

Los Fórmula 1 / 2024

Ferrari

Williams FW46

Sauber C44

Alpine A524

Red Bull RB20

Racing Bulls VCARB 01

Mercedes W15

Aston Martin AMR24

McLaren MCL38

Hass VF-24

Acerca de ellos….

Las especulaciones a estos nuevos modelos y diseños no se hicieron esperar entre los fanáticos de alrededor del mundo, quienes aluden a que habrá que esperar el rendimiento de cada uno de ellos en la pista, así como el de cada uno de sus pilotos.

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Arte

El artista Andréi Molodkin amenaza con destruir obras de Picasso, Warhol y más si Julian Assangeel, fundador de Wikileaks muere en prisión

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Andrei Molodkin afirma haber coleccionado distintas obras de arte cuyo valor se estima en 45 millones de dólares y amenaza con destruirlas si no se cumplen sus exigencias de liberar de prisión a Julian Assangeel, fundador de Wikileaks.

Las obras de arte están guardadas en una caja fuerte de 29 toneladas con una sustancia “extremadamente corrosiva” lista para desintegrarse con una reacción química programada automáticamente en caso de que suceda la muerte de Assangeel.

En total se hablan 16 obras de algunos de los artistas más importantes de la historia del arte como Picasso, Rembrandt, Andy Warhol, Sarah Lucas, Andrés Serrano y Santiago Sierra, entre otros. Todas esas obras fueron donadas por artistas y coleccionistas, pero Andréi Molodkin pondrá en marcha la reacción química con ácido si el fundador de Wikileaks, Julian Assange, muere en prisión, y por el contrario, si es puesto en libertad, ha dicho que las obras serán devueltas a sus propietarios.

La instalación creada por Andréi Molodkin se encuentra en el sur de Francia, más concretamente en Maubourguet, en el departamento de Hautes-Pyrénées y ha sido instalada en el corazón de la Foundry, el centro de arte experimental que creó hace una década. Un proyecto al que ha denominado “Dead Man’s Switch” y que está respaldado por la esposa de Julian Assange para poder ejecutarse.

El fundador de Wikileaks está encarcelado en Londres desde abril de 2019 y espera su extradición a Estados Unidos, donde se enfrenta a 175 años de prisión por publicar miles de documentos confidenciales. Los días 20 y 21 de febrero de 2024, la Justicia británica examina su apelación final en contra de su extradición.

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Actualidad

John Oliver ofrece 1 millón de dólares al año a Clarence Thomas por renunciar a su cargo

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John Oliver, el famosos presentador de la cadena HBO, cerró el estreno de la onceava temporada: Last Week Tonight´s , haciendo una jugosa oferta al juez Clarence Thomas , para renunciar a su trabajo, o como él lo dijo con sus propias palabras “vete a la mierda” de la corte.

“Tenemos una oferta especial para ti esta noche: estamos preparados para ofrecerte 1 millón de dólares al año por el resto de tu vida, si simplemente aceptas dejar la Corte Suprema de inmediato y nunca volver”. Oliver mencionó. “Esto no es una broma. Si ves nuestro programa, sabes que los chistes no son realmente lo nuestro. Esto es real. Un millón de dólares al año, hasta que tú o yo muramos”.

Los vínculos millonarios de Clarence Thomas

La anulación federal del derecho al aborto, el fin de la discriminación positiva en las universidades, la ampliación del derecho a portar armas fuera del hogar o el bloqueo al alivio de la deuda estudiantil, son algunos de los fallos de cabecera del juez Clarence Thomas que, con 73 años, lidera la reacción ultraconservadora del Tribunal Supremo de EEUU.

Tras dos investigaciones bajo una sombra de corrupción, se sabe que algunos de los obsequios que Clarence y su esposa han disfrutado son: paradisíacos retiros vacacionales, entradas V.I.P a múltiples eventos deportivos, fiestas y cruceros de lujo, vuelos privados, todo ello gracias a la generosidad de sus peculiares amistades: conservadores adinerados pertenecientes a la élite estadounidense.

El millón de dólares

En su discurso, Oliver dejó claro que la oferta no venía de HBO, sino directamente del propio anfitrión: “Personalmente estoy enganchado. Puedes hacer que me arrepienta de esto. Podría estar haciendo giras de pie para pagar tu jubilación durante años”.

En su conclusión, el presentador le dijo a Thomas que tiene exactamente 30 días para hacer efectiva su renuncia para que la oferta se mantenga.

“Así que esa es la oferta”, dijo Oliver. “Un millón de dólares al año y un nuevo condominio sobre ruedas, y todo lo que tienes que hacer a cambio es firmar el contrato y salir de la Corte Suprema”.

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