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Arte

Gabriel O’Shea presenta su exposición ”Preludio” en la galería Hilario Galguera

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Gabriel O’Shea -artista de Metepec, Estado de México- presenta una exposición en la que retrata la complejidad de la era digital contemporánea. Destaca el declive de la espiritualidad en la sociedad y su sustitución por la veneración de los espacios virtuales.

© Galería Hilario Galguera. Fotografía por Jose Rodríguez y Eduardo Rodríguez.

Digital. Muerte. Religión. Son los tres conceptos sobre los cuales da la sensación que cada día se construye el fin de la humanidad. Unidos en un triángulo vicioso en el que nuevas devociones, unas más nocivas que otras, llenan el vacío -intrapersonal y colectivo- que dejó la fe una vez que confirmamos cuánto nos había fallado.

© Galería Hilario Galguera. Fotografía por Victor Mendoza.

El artista Gabriel O’Shea aborda este paradigma desde el contraste entre el estudio tradicional de figuras clásicas del Arte y un entendimiento contemporáneo de la técnica.

A través del deceso simbólico de la iconografía sacra, el autor hace frente a la reapropiación y sepultura de formas escultóricas griegas, con lo que O’Shea encapsula físicamente los contornos de una historia del Arte cuyas ambiciones de vanguardia y relevancia han sido interrumpidas por los avances de la tecnología, de la misma forma en la que se han puesto en entredicho la adoración, la idolatría y la devoción tradicional en medio de una economía -y por lo tanto un sistema- que se nutre de la inmediatez.

© Galería Hilario Galguera. Fotografía por Gabriel O’Shea.

En las pinturas, la presencia de pinceladas en escenas distópicas no sólo resalta el cambio en la práctica histórica del Arte, sino que fomenta una mayor afiliación a los temas representativos de O’Shea. Los rostros nublados, como en un sueño, son despojados de rasgos a medida que los recuerdos se desvanecen.

Gabriel O’Shea, “Dirge”, 2023, cera y metal, 90 x 57 x 10 cm.

En este periodo de transición hacia un futuro digital, los sujetos aparecen atrapados en un purgatorio de identidad y subjetividad perdida, encerrados en habitaciones grises, máscaras protectoras y abrazos impasibles. Reutilizando la técnica del claroscuro, las luces y sombras de sus retratos sólo sirve para resaltar su continua abstracción. Cuando están iluminados, los rostros permanecen borrosos, mientras que otros están tan marcados por una consistente atmósfera tenue que desaparece cualquier contraste visual.

© Galería Hilario Galguera. Fotografía por Victor Mendoza.

El vívido optimismo de las escenas religiosas del barroco se yuxtapone al borroso nihilismo acromático de lo contemporáneo, y a nuestra incierta capacidad para encontrar propósito e individualidad en este presente. 

Como si el despliegue abundante del color y la monocromía se pusieran de acuerdo solo para trazarnos la ruta hacia nuestra propia perdición.

Gabriel O’Shea, “The Prelude to the End”, 2023, Impresión digital y óleo sobre papel de algodón de 300gr, 80 x 80 x5 cm.

La formación artística de O’Shea incluye el estudio detallado de Goya y Caravaggio, mientras que su crianza religiosa supuso un contacto frecuente con la iconografía católica. El cuestionamiento nietzscheano de O’Shea sobre la muerte de la religión supone una entrada necesaria en una contemporaneidad agnóstica y digital, responsable, no obstante, de una pérdida de identidad espiritual tradicional.

© Galería Hilario Galguera. Fotografía por Victor Mendoza

Entre las representaciones de cuerpos de O’Shea, encontramos cabezas de concreto con máscaras, ilustrando la cualidad sumisa de la humanidad. Una sumisión sin cuestionamiento que se presentaba ante la religión, ahora se presenta con una dependencia total hacia la tecnología. Anónimas, contenidas, sumisas y cosificadas las imágenes de rostros pintados con máscaras de gas o visores de realidad virtual yacen en un espacio liminal, retratan la incómoda deshumanización tan característica de la inteligencia artificial. 

Gabriel O’Shea, “Cada uno llevará su propia carga”, 2022, concreto, clavos, cadena y estructura metálica. 150 x 50 x 50 cm.

La exposición ”Preludio” de Gabriel O’shea se presentará hasta este viernes 28 de julio en la Galería Hilario Galguera, ubicada en la Ciudad de México, en la dirección:

Calle Francisco Pimentel #3, Colonia San Rafael.

Entrada libre.

© Galería Hilario Galguera. Fotografía por Victor Mendoza.

Arte

WARP Tour presenta Damien Hirst en el Museo Jumex: Apocalipsis Ahora

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Visitamos la recién estrenada exposición de Damien Hirst en el Museo Jumex de la Ciudad de México y esta fue nuestra experiencia.

El hombre en el elevador que nos subirá al inicio de la exposición se dirige a todos con un entusiasmo sospechoso. Nos exige responder a gritos y con el mismo nivel de energía para confirmar que hemos escuchado sus indicaciones. 

Es un augurio de lo que se avecina.

Una superestrella para celebrar los diez años de un Salón de la Fama 

En el título de este texto se promete una cosa; pero lo cierto es que, al menos ante estos ojos, lo más importante de la exposición de Damien Hirst en el Museo Jumex de la Ciudad de México no son las piezas por sí mismas, sino lo que éstas ocasionan. 

Porque de la curaduría y la museografía de Vivir Para Siempre (Por Un Momento) las conclusiones -como ya nos tiene acostumbrados dicho recinto- son contundentes y directas: una exposición retrospectiva de un artista consagrado y muy mediático que funciona como recopilación de Greatest Hits, en teoría capaz de estimular al juicio casual y al experto.

Pero ahí está la clave: la estimulación. Justo después de abandonar el elevador del hombre sospechosamente enérgico, el público se apura como hormigas que han encontrado una dona abandonada.

Inundan la sala e ignoran todo orden recomendado, incluso sin darse cuenta de la existencia de los textos curatoriales.

De inmediato, la exposición cumple su primera gran promesa: La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo aparece al centro de la sala, la célebre pieza del artista británico que pone el cadáver real de un tiburón dentro de una suerte de cápsula rectangular con una construcción que da la impresión de que el animal está vivo y lo vemos dentro de una pecera.

Se hacen filas para tomarse esa foto en la que simulan que el tiburón está a punto de arrancarles la cabeza. 

Una vez cumplida la misión, esa gente empieza a ver a su alrededor, curiosa de descubrir al famoso tiburón. Más animales que simulan estar vivos. Anaqueles de consultorio médico con utensilios impecables. Más tiburones, ahora partidos a la mitad para verles las tripas opacas al descubierto. Un muro gigante que simula millones de diamantes y que bien podría ser un escaparate del Palacio de los Palacios.

Todo al mismo tiempo en todas partes. Y la gente responde: empieza a caminar más rápido, con una postura agresiva, escaneando las obras de arriba hacia abajo sin pasar más de tres segundos frente a ellas. 

De hecho, sólo aquellas sobre animales ex-vivos y alguna que otra con movimiento generan atención real. Las demás, por su carácter tan aparentemente cotidiano, son testigos del desprecio de la audiencia.

Tik Tok en la vida real.

En la segunda sala se repite la dinámica. La gente se mueve en el espacio cada vez más rápido. Se hacen pequeños tumultos en algunas piezas. Hay fascinación, confusión y hasta asco. 

Ahora son los ceniceros gigantes los que que ganan la carrera de la atención. La continuación de la serie Natural History de Hirst no tiene el mismo éxito que el tiburón porque ahora se trata de una vaca y ver a la vaca abierta exactamente por la mitad nos recuerda que apenas el domingo pasado nos comimos esa misma “pancita” en un caldo picoso y colorado. 

Sus ojos abiertos y esa lengua salida nos hacen sentir culpables.

Y entonces, un paréntesis para sí retomar el eje discursivo en la obra de Damien Hirst: la vida y la muerte, la convivencia con el caos, los destinos inevitables… El respeto equitativo por las sensaciones satisfactorias y las incómodas.

La crítica a nuestro especismo no es el único señalamiento que hace Hirst y tampoco el único que ignoramos: arriba, en la sala que abre el recorrido, también fuimos indiferentes a las reflexiones sobre la salud mental, el consumismo desmedido, a nuestra priorización de la estética por encima de la empatía y a nuestro rechazo por lo simple.

Hacia la última parte del recorrido, vemos la faceta plástica más tradicional de Hirst, enfocada en la pintura y la escultura.

Hay menos piezas que en las primeras salas. La mayoría, caracterizadas por su naturaleza grotesca e intimidante que acentúan la imperfección de los humanos, tanto por dentro como por fuera. 

Ahora el show se lo roba el escenario: un balcón con vista al glamoroso Polanco, con todo y la postal siempre llamativa del Museo Sumoaya de fondo. 

El escándalo promovido por aquel hombre en el elevador ahora es nada entre los sonidos de los coches que van de un lado a otro en esta zona de la ciudad. 

Independientemente de lo relevante que es tener una exposición de este calibre de un artista como Damien Hirst, Vivir Para Siempre (Por Un Momento) es una analogía del apocalipsis que hemos decidido ignorar para que nuestra propia destrucción sea menos hostil.

Tras darnos cuenta que nuestro final no será vía aquel cataclismo absoluto de corte hollywoodense sino a través de una agonía prolongada en el despojo de lo más elemental, cualquier cosa es placebo.

Y esto no es una diatriba contra las fotos ni contra la hiper estimulación que nos ha quitado nuestra capacidad de atención… Esto, es un llamado de emergencia.

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Arte

Richard Serra, el minimalista del acero a gran escala

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El artista estadounidense Richard Serra, quien pasará a la eternidad gracias a sus enormes esculturas de acero recubiertas con una fina pátina de óxido que decoraban paisajes y dominaban galerías de gran tamaño en los mejores museos alrededor del mundo, falleció a los 85 años de edad.

El artista murió en su casa en Long Island, Nueva York, de neumonía. Nacido en San Francisco en 1938, Serra creció visitando astilleros marinos donde trabajaba su padre y también trabajó en acerías para durante su juventud, en donde estuvo expuesto a materiales como el acero industrial laminado en frío cuando era niño también antes de llegar al mundo del arte, fue en ese momento de su vida en donde vició marcado por uno de sus de sus pensamientos “sobre cómo un objeto tan pesado podía volverse ligero, y que ese tonelaje podía volverse lírico”.

A pesar de la gran escala de sus obras, artísticamente se le consideraba un minimalista, dejando que las dimensiones de su arte en relación con el espectador, en lugar de imágenes elaboradas, expresaran su punto. Dando paso para una reflexión por parte del observador.

Después de estudiar en la Universidad de California, Berkeley y la Universidad de Yale, se mudó a Nueva York en 1966, donde comenzó a crear arte a partir de materiales industriales como el metal, la fibra de vidrio y el caucho. Lo cual lo distinguía de los demás artistas de la época.

Con el paso del tiempo las obras más célebres del gran Richard Serra tenían mucha influencia y guiños a los templos antiguos y tumbas egipcias y también se nutría de los distintos pasajes místicos y de historias como la de Stonehenge, un monumento megalítico tipo crómlech con piedras acomodadas específicamente con un culto al misterio. Enfocándose así en las distorsiones del espacio creadas por sus paredes inclinadas, curvas o circulares y la franqueza de sus materiales lo cual hizo que definiera su propio estilo.

Su arte revolucionó la escultura, trabajando a fondo en una cierta especie de geometría experimental fluida y circular en movimiento, La “percepción peripatética” como Serra solía llamarle.

Richard Serra fue un escultor revolucionario, trabajando siempre al límite y creando gigantescas obras de acero a escalas de alto impacto que le valieron el galardón de ser el “mejor escultor vivo” en su momento.

Su maravilloso legado reposa en importantes colecciones de todo el mundo, incluido el Guggenheim Bilbao, donde la tortuosa obra de 1,034 toneladas ‘La materia del Tiempo’ (2005) ocupa la principal sala. También se han encargado y creado otras piezas para espacios al aire libre, como el desierto de Dukhan en Qatar, y también plazas en Londres y Nueva York, y en la cima de una montaña artificial de desechos mineros en Essen, en el centro de Alemania, entre muchos otros lugares, pero estos serían de los más representativos.

A lo largo de su vida Serra fue reconocido por su contribución a las artes con los principales premios de los gobiernos de Japón, Francia, Alemania y Estados Unidos. Y la influencia que dejó gracias a su trabajo significa que es poco probable que sea olvidado. Como lo expresó el propio artista:

“Si haces alguna contribución, es muy, muy difícil predecir, en términos de perpetuidad, qué durará y qué no. Digamos simplemente que este tipo de trabajo significa que existe una posibilidad.”

Algunas de sus grandes obras fueron:

Para levantar a Richard Serra de 1967

Objeto de una tonelada (Castillo de naipes) de 1969

Sin título (dibujo a rodillo de 14 partes) de 1973

Ningún patriotismo obligatorio de 1989

Masa elevacional de 2006

Bramme para el distrito del Ruhr de 1998

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Arte

Annie Leibovitz ingresa en la prestigiosa Académie des Beaux-Arts de París

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La fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, quién fuera la primera mujer en exponer su obra en la Galería Nacional de Retratos de Washington D.C. y la última en retratar al músico John Lennon antes de que fuera asesinado, fue premiada recientemente al ingresar en la prestigiosa Académie des Beaux-Arts de París. Este honor fue obtenido por la artista debido a su destacada contribución al mundo del arte visual y la fotografía contemporánea.

Cabe destacar que la Académie des Beaux-Arts de París, fue edificada en el año de 1816, siendo el hogar de muchos de los artistas más influyentes de la historia, como pintores, músicos y por supuesto cineastas de renombre mundial.

Arte & Elegancia

La Cúpula del Palacio del Instituto de Francia fue la sede de este prestigioso evento, en donde se celebraron y reconocieron todo los logros de Anna Lou, nombre por el que también es conocida. Lou se presentó con un elegante vestuario de diseñador hecho por el reconocido Nicolas Ghesquiére para Louis Vuitton, mientras recibía la espada de manos de la prestigiosa editora de moda Anna Wintour.

Durante el discurso de Leibovitz, la artista destacó la importancia acerca de como la fotografía esté representada en un espacio tan venerada junto a otras formas de expresión artística, definiendo este discurso y ceremonia como un momento histórico.

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