Lollapalooza Chile ¡Todo bien!

// Por: Staff

Lun 4 Abril, 2011

 

Es justo en el 20 aniversario del conocido festival, que las condiciones y certeza para salir de Estados Unidos se logran en conjunto con la oficina de cultura de un gobierno y con unos co productores locales. La idea de hacer Lollapalooza en un lugar tan distante como Chile se veía difícil y descabellada pero hoy es ya una realidad consumada.
Perry Farrell, músico imprescindible de los últimos 20 años y dueño de Lolla asegura que nunca antes lo habían intentado porque no querían arriesgar la calidad del evento, pero cuando le llegó la propuesta tan firme y clara de los chilenos no había manera de negarse a intentarlo. WARP estuvo presente en este primer ejercicio de llevar el concepto del festival a un lugar distante a su origen. De entrada podemos decir, que fue todo un éxito.
Un promotor independiente en México me decía hace poco que el éxito de los festivales no siempre se mide por el número de asistentes que van el primer año, un argumento obvio cuando hiciste un evento bien producido con propuestas actuales de la escena internacional pero no supiste encontrar la fórmula para lograr el milagro de que la gente vaya a comprar un boleto y le dedique un día de su vida a asistir a tu evento. Yo estoy de acuerdo con su teoría de que el éxito de un proyecto es paulatino y la historia de festivales como Coachella, Glastonbury o el mismo Lolla indican que lo difícil no es llegar sino mantenerse a lo largo de los años. Con todo eso todo y aunque me parece injusto comparar el gran esfuerzo de un productor independiente con una sede de Lollapalooza en América Latina y la enorme maquinaria que eso implica, estoy admirado de la claridad de los chilenos para invertir dinero en franquiciar y co producir un concepto replicado en un evento puntual, muy bien producido y con 40,000 personas visitándolo cada uno de los dos días en este que fue, su primer año.
La co producción de Lotus con la empresa de Farrell pinta para ser una relación duradera por varios años en el futuro y la determinación del gobierno de Santiago por ser la base de esta idea parece firme y convincente cuando Pablo Zalaquett, alcalde de la ciudad, asegura en el texto de bienvenida del programa oficial de Lolla, que el “hito cultural que por primera vez sale de Estados Unidos” se va a quedar en Chile. Agrega que a partir de este evento, Santiago será “el epicentro de actos artísticos de alto nivel” potenciando el turismo y a la ciudad como un lugar natural de esparcimiento. Y es ahí donde radica el verdadero punto para el Gobierno de Santiago, en el futuro después de un primer Lollapalooza Chile.
Primero que nada, es obvia una segunda edición en 2012. Eso dice la última hoja del programa (“Nos vemos el 2012”) y eso dice Perry Farrell que nos declaró la encomienda de buscar otra ciudad en América Latina donde se pueda hacer otra versión del festival y así aminorar costos de las agencias de booking y Management internacionales que elevan los costos de los artistas por venir a Sudamérica; un acto que poco a poco debe cambiar si la industria de la música acepta esta región del mundo como un mercado emergente con poder adquisitivo y suficiente público para hacer eventos como el de este fin de semana. “Para nosotros el mercado latinoamericano es el más importante de todos. Siempre nos va muy bien acá…” me decía Jared Leto (30 Seconds To Mars) desde una experiencia y perspectiva lógica alrededor de montar un evento así en Sudamérica.
El Parque O´Higgins soportó bien la afluencia de todos los ahora fans de Lolla y aunque hubo errores logísticos como la entrega de boletos a extranjeros (varios estuvieron horas en una enorme fila a la taquilla porque “se cayó el sistema”), el Tech Stage que resultó insuficiente y peligroso para recibir a tanta gente o el departamento de prensa fue poco preciso el primer día, la curva de aprendizaje natural nos dicta que son problemas menores ante el espíritu y estructura imbatibles del “know how” de años detrás del festival en Estados Unidos. La cultura verde que hizo que casi todo el tiempo el festival estuviera limpio, la implacable puntualidad de cada show, la no cancelación de artistas y sí, la afluencia de tanta gente nos dejaron a todos un gran sabor de boca.
El talento chileno recibió a sus colegas internacionales con mucho orgullo y dignidad. Nadie estuvo por debajo de nadie en las presentaciones. Toy Selectah, único mexicano invitado a participar este año, me contaba lo difícil y complejo que puede ser que lo agenden para un Vive Latino en D.F. y lo natural y fácil que fue su invitación a Lolla Chile. Y es que hay que reconocer que no fue un festival dedicado a enaltecer el talento extranjero en el escenario segregando a sus locales, sino todo lo contrario; aprovecharon al talento internacional para acompañar a los suyos de una manera justa y contundente que posiciona a los artistas chilenos a la altura de cualquiera que vino de visita. El arranque fue infalible; Francisca Valenzuela, Los Bunkers y Ana Tijoux con casa llena a las 12 del día del sábado… Después de eso nada podía salir mal para la escena local.

No todas las ciudades de América Latina podrían ejecutar un Lollapalooza con tanta precisión. No todas tienen un mercado tan claro y potencial para hacerlo. No todas pueden lograr una cohesión entre el gobierno, la iniciativa privada y una franquicia de un festival. No todos los latinos entendemos que pensar en grande es igual de importante que actuar en grande. Y sí, hubo todo lo que rodea un Lolapalooza; fiestas pre lanzamiento, afters, DJ sets, conciertos y figuras como The Killers, Kanye West (con el mejor setlist de su historia repleto de TODOS sus éxitos), Deftones, Fatboy Slim, Jane´s Addiction, The Flaming Lips, Ben Harper, The National, Cold War Kids y decenas más, pero la estrella, el verdadero headliner del festival seguirá siendo Chile.