El reto de tener buena música en el cine

// Por: Staff

Lun 31 enero, 2011

 

Hace unos días la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood dio a conocer la lista de nominados a la 83va. Edición de los Premios Oscar, y esto no sería del todo importante para el mundo de la música si no fuera por un nombre que hizo voltear la mirada y sonreír, no sólo por el reconocimiento que su aparición significa, sino porque representa un nuevo y cada vez más importante hecho.
El nombre en cuestión es el de un músico, compositor, productor y multiinstrumentista estadounidense, cuya genialidad ha permeado la escena por más de 25 años: Trent Reznor. En esta ocasión vuelve a hacer mancuerna con Atticus Ross y logran ser nominados en la categoría de Mejor Banda Sonora por su trabajo para el filme de David Fincher, “The Social Network”.
“Cuando estoy haciendo música para Nine Inch Nails, todo es muy diferente, pues intento que el sonido y las letras tengan toda la atención del escucha. Cuando se trabaja para musicalizar una película la música deja de ser lo más importante y, por lo tanto, deja de ser el centro de atención… se convierte en un gran desafío”. Así ve Reznor su labor dentro del mundo del cine y aunque no deja de ser cierto, la importancia que adquiere la curaduría musical (por llamarla de algún modo) dentro de cualquier cinta es innegable cuando se unifica con la imagen y le da ambiente, profundidad y refuerza la intensión de la narrativa.
Sin duda es interesante el reconocimiento hecho al trabajo de Reznor en esta película, pero su nominación da cuenta de la presencia cada vez mayor de músicos importantes tras la sonoridad de una película; en este punto viene a la mente, por estar tan frescos en el disco duro de quien escribe, la participación de Daft Punk en la reciente versión del clásico ochentero, “Tron”, lo hecho por Phoenix en la última cinta de Sofía Coppola, “Somewhere”, y el trabajo de Air para “Virgin Suicides”, también de la niña Coppola. Podrá haber distintas y contrastantes opiniones de lo afortunado que resultaron, pero el hecho que queda claro es que la participación de músicos en la confección sónica de una película empieza a aparecer fuerte.
Si bien es cierto que la industria musical y cinematográfica han caminado juntas y se han apoyado una a otra desde hace décadas, el que directores importantes estén dejando la responsabilidad de ambientar sus cintas en manos de músicos cuya trayectoria se basa en hacer música para proyectos propios, es algo que poco a poco toma fuerza y que seguramente se expandirá de aquí en adelante.
Atrás quedarán las bandas sonoras de elementos orquestales que poca cercanía causaban al espectador más allá del momento mismo de ver una película; la tendencia actual de crear historias como espejo de la realidad han llevado consigo la necesidad de colocar piezas musicales que del mismo modo hagan contacto con la gente y se queden en su memoria más allá del celuloide. Y esto es algo que han logrado músicos dedicados a exorcizar sus demonios y compartirlos con la gente, creando conexiones profundas con su público. “Es la primera vez que sentimos que la música se adapta a la imagen. Para nosotros es muy raro ver nuestra música como parte de una película, pero el resultado final y la experiencia nos gustó mucho”, dijo Deck D’Arcy, bajista de Phoenix, en una entrevista al respecto.
Veremos quién más decide acepta el reto, diversifica la manera de crear música y hace un trabajo tan bien logrado como el del genio detrás de Nine Inch Nails.