#FromTheMag: La odisea espacial de Elon Musk

// Por: Staff

Lun 28 mayo, 2018

Fotos por: SpaceX / AP

Alejandro Escobedo / @aalkz

¿Qué tan lejos alcanzas a ver en el futuro? Nos gusta imaginarnos que lo que viene siempre es bueno, bonito y sobre todo mejor que lo que tenemos ahora. Pero no sabemos cuándo ni cómo  alcanzaremos esas metas como sociedad. Hay muchas personas que sí alcanzan a ver, que logran captar la atención de todos por lo descabelladas que suenan sus ideas, porque las ejecutan, una de esas personas se llama Elon Musk.

Elon Musk es visto hoy en día como un pilar en la innovación tecnológica de Estados Unidos, pero su sueño empezó en su país natal, Sudáfrica, con ideas extravagantes sobre poder explorar Marte. Llegó a estudiar a Estados Unidos como inmigrante con ayuda de la ascendencia canadiense de su madre, y empezó a concretar su visión del mundo obteniendo una beca para estudiar una carrera doble de física y negocios en la Universidad de Pennsylvania. Co-fundó dos empresas en el boom del punto com de los 90s: Zip2 y X.com, que después se convertiría en el gigante de la banca por internet: PayPal. El dinero que obtuvo de vender PayPal lo utilizó para fundar Life to Mars, que después se convertiría con mucho trabajo en SpaceX, una agencia espacial privada y sumamente atrevida en su visión, en un momento en el que la NASA era demasiado cautelosa al haber sufrido de cortes de presupuesto y una decadencia histórica en los logros que se habían tenido en cuanto a enviar humanos al espacio se refiere. Hasta aquí parece ya una gran historia de éxito, pero el futuro es grande para quienes no se conforman con nada, y en él vemos repetirse un patrón muy curioso: investiga, estudia, aprende y encuentra la forma. Suena a una estrategia sencilla y de sentido común, pero seamos honestos, nadie puede hacerse experto en todo, nadie puede devorar libros de astrofísica para deducir una forma más barata y eficiente de construir cohetes espaciales y muchas de sus partes, después de haber sido rechazado y humillado por los rusos. Bueno, Elon Musk parece que sí puede, porque SpaceX este mismo año logró lo que para él era una barrera de costos para la exploración espacial: no tener que tirar millones de dólares de cada cohete a la basura después de utilizarlo al poder aterrizarlo de regreso sano y salvo. El siguiente paso lógico en su mente, es ir a Marte mediante un ‘Sistema de Transporte Interplanetario’ y convertir a la raza humana en una especie multi-planetaria.

Es impresionante cómo parece que los logros de un emprendedor como Elon Musk se hacen viejos tan rápido, porque por muy impactantes que parezcan, el mundo está apenas empezando a tomarlos en serio realmente. Podemos comprobar esto con el súbito crecimiento de su siguiente empresa: Tesla, el primer startup automotriz americano exitoso desde Chrysler, al llegar a ser valuada en más de 50 mil millones de dólares, solo un poco más que Ford, tomando en cuenta que las ventas de coches de Tesla están en los miles y las de Ford en los millones. Esta abismal diferencia de valor contra producción real, se la debemos a la promesa de una compañía de alta tecnología e ingeniería cuya piedra angular de negocio se centra en una pieza clave: bajar el costo de las baterías para bajar también el costo de sus autos ‘Model S’, ‘Model 3’, ‘Model X’ y el futuro ‘Model Y’ (¡completando ‘S3XY’!) y asestar un golpe duro a la industria del petróleo, teniendo una clara ventaja sobre las nuevas energías y tecnologías que representa. Para poder moldear esta variable, Elon Musk construye actualmente la ‘Gigafactory 1’ en el desierto de Nevada, una fábrica de baterías y autos de tamaño sin precedentes (será el edificio con mayor extensión de territorio en la historia) que él llama  ‘La máquina que construye la máquina’ por su enfoque en la integración de eficiencia y automatización nunca antes vistas. Elon Musk se mueve y empuja las tendencias al límite, porque a esto hay que sumarle que para generar la energía que esas baterías guardan, su otra compañía, SolarCity, pretende que nos desconectemos de la red eléctrica tradicional combinando paneles solares y baterías domésticas (PowerWall), para poder cumplir el sueño global de dejar de depender de energías no renovables de una vez por todas. La misma Gigafactory, al estar terminada, será totalmente autosuficiente en términos de energía, produciendo alrededor de 500,000 autos eléctricos por año y más baterías que toda la producción global combinada. La cereza del pastel en esta parte del plan, es revolucionar la industria de la logística de transporte con el Tesla Semi, su propuesta de tractocamión eléctrico capaz de superar los 500 km de autonomía y recargar el 80% de su batería en 30 minutos.

Todas las piezas del rompecabezas van encajando en la obra de Musk, y las consecuencias son casi inmediatas, pues pocas fueron las compañías de la industria automotriz que no anunciaron una propuesta seria de auto eléctrico para los próximos 5 años, y no solo eléctrico sino con la capacidad de conducirse de forma autónoma. Ya hay debates reales sobre el reemplazo de las gasolineras en cada esquina por estaciones de carga en cada casa y centro comercial, así como el reemplazo de los conductores por inteligencia artificial, pero esas son cosas que Musk mismo dice que por razones de macroeconomía, sucederían tarde o temprano, y que son parte del presente, no del futuro, a diferencia de su misión de ir a Marte. Lo que él está potenciando es la velocidad a la que esos avances están llegando.

Pero está claro que el futuro es para Elon Musk algo que él puede tomar en sus manos y resolver lo más rápido posible si así se lo propone. Una de sus siguientes aventuras se llama Neuralink, y tiene que ver con literalmente hackear el cerebro humano para integrarlo con los avances recientes de software y la inteligencia artificial, creando una conexión de alta velocidad entre nuestra mente y las computadoras. Esto implica una infinidad de consideraciones y nuevos problemas, pero las ventajas de aprovechar el potencial del poder de cómputo de la nube para aumentar nuestra capacidad intelectual y de memoria, sí que despiertan el interés en prácticamente todas las industrias conocidas.

De paso también por aquí, ¿por qué no solucionamos también el tráfico? Es lo más aburrido y tedioso que existe. La idea de los autos que vuelan es una forma ya tradicional de ilustrar el futuro que nos gusta imaginarnos, pero si pensamos que con sus coches autónomos se va a solucionar porque un día aparte podrán volar, Elon Musk dice que estamos equivocados, y que más bien debemos pensar en ir por debajo de la tierra. Para esto creó una nueva compañía llamada The Boring Company, con la que pretende cavar infinidad de túneles subterráneos que aceleren el traslado de los automóviles, argumentando que realmente no hay límite de los túneles que se pueden excavar y que hasta sería mucho más seguro que arriesgarse a que un auto volador falle y nos caiga en la cabeza. Para eso, de nuevo, se adentró en la física y las matemáticas del proceso actual de excavación de túneles y asegura que con ciertos avances importantes en partes específicas del proceso, el costo se puede reducir en magnitudes suficientes para hacerlo rentable.

Las compañías de los giros de industria en los que se mueve Elon Musk gastan cantidades astronómicas en construir su propia marca, produciendo publicidad aspiracional que aunque pueda llegar a ser creativa, está hueca, son consumibles que se desechan. Las empresas de Elon no necesitan nada de eso, porque los medios cubren sus servicios y productos como avances tecnológicos cercanos a maravillas del futuro traídas al presente. Prueba de eso es el exitoso lanzamiento del cohete Falcon Heavy en febrero del 2018, que llevaba consigo el propio automóvil de Musk, un Tesla Roadster rojo con un dummy llamado Starman tocando ‘Life on Mars’ de David Bowie‘, dirigido a orbitar Marte para siempre; una imagen icónica que trasciende literalmente el tiempo y el espacio. Así, cumple una promesa que se llevaba posponiendo 5 años: diseñar un cohete que de nuevo pueda llevar humanos a la Luna, a Marte, a donde sea. Esta nave de 27 motores puede transportar un máximo de 64 toneladas de cargamento (usualmente el cohete ‘normal’, Falcon 9, lleva solo 22), reutilizando los mismos cohetes, porque, recordemos, SpaceX es una agencia espacial comercial que tiene inversionistas privados que confían en que al fin exista tal cosa como una democratización del viaje aeroespacial, que esté al alcance de todos. Esa es la clave del acercamiento de Musk a los problemas del mundo, y lo que lo hace tan interesante e intimidante, avances científicos con ideas comercialmente sustentables

Elon se traba al hablar, no es el orador perfecto. Habla de sus proyectos casualmente, no como un ejecutivo con protocolos, como buen ingeniero se sirve de tecnicismos y matemáticas para explicar sus soluciones y esto a veces extraña a los que están acostumbrados a los CEOs de keynotes magistrales y comerciales perfectas como las de Steve Jobs, pero al mismo tiempo suena auténtico y sobre todo, práctico. Aprender a aprender como máxime de vida lo ha llevado a proponer ideas que nos pueden parecen estrambóticas y descabelladas, y hoy más que nunca resuena su toque de midas para introducir industrias viejas y aburridas a este ciclo virtuoso de crear tecnología cool y atractiva que de paso también salve el mundo, muy a la Tony Stark.

Revista

El artículo estará disponible en el próximo WARP 88 Spring-Summer.
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