hanDover or how to stay relevant in music?

// Por: Staff

Mar 8 noviembre, 2011

 

Siempre he pensado que la dupla integrada por cEvin Key y Nivek Ogre, conocida en diversos puntos del globo como Skinny Puppy es, por mucho, una de las bandas más innovadoras en la historia de la música. Eso sí, es un hecho que su trabajo ha sido infravalorado a través de sus casi 30 años de historia o por lo menos, no ha sido dimensionado correctamente.

El único “pecado” de estos canadienses, por así decirlo, ha sido caminar del lado oscuro del camino, hacer música electrónica que a muchos les parece violenta y nada comercial. Bueno, en realidad sí es violenta y el 98 por ciento de las ocasiones nada comercial, pero eso nunca ha restado el valor intrínseco a cada uno de sus trabajos.

Muchos deben pensar que Skinny Puppy no es diferente a Front Line Assembly, Ministry, KMFDM, Front 242, Einstürzende Neubauten y los muchos otros con quienes comparte una pizca de esencia, sin embargo, creo que lo que diferencia el trabajo de SP de lo mencionados es su hambre de evolución, esa ambición sonora de la que muchos se olvidan con el paso de los años.

Si ustedes escuchan cualquier pieza en la discografía de la banda, encontrarán que ninguna es igual (vaya, ni siquiera parecida) a la anterior. Desde que su primer álbum “Bites” (1985) vio la luz pasando por “VIVIsectVI” (1988), “Too Dark Park” (1990) y ese tropiezo llamado “The Process” (1996), -que dicho sea de paso, significo el final de la banda por varios años-, todas sus placas representan un reto sonoro para sus escuchas, y una oportunidad para crecer musicalmente para Ogre y Key.

Hace unos días llegó a los estantes “hanDover”, su trabajo de estudio número 11, el cual fue grabado durante 2008 y 2009 y que fue guardado por su disquera, el sello alemán SPV, durante más de dos años en la congeladora debido a su insolvencia económica. Aún con este drama a cuestas, el disco es un ejemplo de innovación sonora en todos los sentidos.

“hanDover” significa el regreso de Skinny Puppy a terrenos más experimentales, una puñalada sónica a los oídos de cualquiera que preste sus oídos al disco por apenas unos minutos, una nueva forma para Key y Ogre de entregar demonios de manera personalizada. Si ya de entrada, es de admirar el trabajo de cualquiera que se atreva a ir más allá de los límites preestablecidos en la música (algo que ya no pasa con las bandas de un tiempo para acá), y después ponemos en la ecuación que se trata de un proyecto con un fanbase en todo el mundo y que no tendría porque arriesgarse a hacer algo nuevo, entonces me parece que el trabajo merece aún más reconocimiento.

La placa logró vender 3,200 unidades durante su primer semana a la venta, no mucho en comparación a monstruos del pop, pero lo suficiente para hacer que Skinny Puppy se colara a varios charts de Billboard, convirtiéndose en el álbum más vendido de la banda en su historia durante la primera semana, tarea nada sencilla en una época en la que las ventas de discos dejaron de ser negocio. Algo de reconocimiento para una banda que nunca va a llenar estadios, a colocar videos con millones de visitas en YouTube o a vender millones de dólares en memorabilia, pero que es tan grande e importante como cualquier banda grande en el planeta.