#noalareventa

// Por: Staff

Jue 25 agosto, 2011

El pasado fin de semana tuve una experiencia reveladora mientras intentaba conseguir boletos para ver a Michael Bublé. Perdería muchas letras en explicarles el tema alrededor de mi cambio de boleto de sábado a domingo, pero el asunto central es que los boletos que había comprado para el sábado los tuvo que usar alguien más…

 

 

La gente de la taquilla del Auditorio Nacional (el domingo) lucía ya aburrida de decirle a los desesperados fans que los boletos estaban agotados y las afueras del inmueble eran habitadas por los que querían entrar y los que tenían los boletos, mejor conocidos como “los revendedores”.
 

La absurda cantidad de entre 4 y 9 mil pesos por ticket y el descaro de lucrar con el trabajo de alguien más, me dejaron muy claro que este negocio es tan cínico como el de la piratería e igual de mal resuelto. Decidí no comprar ningún boleto en reventa y regresar a casa con mi mujer. Afortunadamente la tentación de haber encontrado el boleto más barato en reventa no existió por lo elevado del costo, así que salí bien librado de haber alimentado una de las ramas de la delincuencia organizada de este país y la experiencia me hace estar claro en no hacerlo jamás aunque sea “una buena oferta.”
 

Así me ocurrió hace muchos años cuando decidí nunca jamás volver a comprar piratería aunque fuera “de vez en cuando.” No tengo nada en contra de la venta de boletos o memorabilia entre fans ni en que se comparta la música gratuita entre usuarios de internet. Lo que no pienso alimentar es al delincuente que se enriquece afuera de un concierto a costas del promotor y el artista o al que vende CDs afuera del metro.
 

Ya estuvo.