Dando Saltos entre Charcos

// Por: Staff

Jue 28 abril, 2011

 

El porcentaje de cultura musical que regala Europa día tras día al mundo entero es enorme. El Reino Unido con su Britpop y su inigualable Rock, inevitablemente se meten en las venas de cualquier persona, sea angloparlante o no. Los festivales que ofrece este país son imitados en todos los continentes y poco a poco este tipo de eventos se han vuelto más accesibles para la gente que antes los veía como un mito al que solo unos pocos podían llegar. España ha sufrido un contagio musical maravilloso y ahora al rededor de toda la península ibérica surgen festivales con grandes interpretes, a precios y condiciones climatológicas bastantes fáciles de vivir. Pero de pronto cuando uno se encuentra de ese lado del Atlántico cree que no necesita nada más, sin embargo los rumores y noticias de los festivales Americanos, despiertan unas ganas locas de poder teletransportarse para comparar o simplemente para disfrutar todo, grupos distintos o hasta los mismo, pero con reacciones totalmente diferentes de parte del público. No es lo mismo ver a Muse en Glastonbury, que verlo en el estadio de fútbol Vicente Calderon en Madrid, o en el palacio de los deportes de México, aunque sea el mismo tour, lo que los escuchas le aportan al mismo grupo en diferentes partes del mundo hace de ellos una banda nueva en cada lugar. Puedes ver un millón de artistas alrededor de Europa, conocer géneros y música vanguardista con solo un botón, sin embargo las raíces siempre llaman y hubiera cambiado muchos conciertos por haber disfrutado la reunión de Caifanes en el Vive Latino. La emoción que se siente en los comentarios de los mexicanos que pudieron vivirlo, no tienen nada que ver con ninguna emoción de por aquí.

Hace poco tuve la oportunidad de cruzar de regreso el charco, haciendo escala en una de las mayores cunas del arte, Nueva York. Iba con toda la intensión de buscar y comparar lo que pasaba por ahí en la industria musical y aunque encontré muchísimas cosas, lo que más me llamó la atención era la cantidad de recopilados de todo tipo de artistas que se habían hecho para ayudar a los damnificados de las recientes desgracias en Japón. Llegando de una España en shock que aunque está en crisis, no duda ni un segundo en abrir sus brazos a los seres afectados de este país oriental, gente como un “Carlos Jean” quien es un reconocido productor musical en el mundo entero, aparte de ser un famoso DJ y creador europeo, desde el terremoto de Haiti, no ha parado de dedicar su poder y fama para ayudar a los demás y para crear conciencia a través de su música.
Me faltarían hojas para decir la cantidad de cantantes que dan su voz y sus ganas en Estados Unidos para este tipo de cosas, desde Bob Dylan hasta Lady Gaga, pararían cualquier cosa para colaborar con algo así. Y aterrizando en México, en este maravilloso país el cual atraviesa también una crisis de violencia y por desgracia una pobreza que más que crisis se ha convertido en una costumbre, te das cuenta como no importa donde estés ni de donde seas, de que clase social o que género musical escuches. Las desgracias de este tipo nos hacen acordarnos que somos seres vivos, iguales todos, con el mismo derecho de vivir y de ser ayudados. México une pop, rock, salsa y reggaetón en un mismo sentimiento. Y entonces se acaban las comparaciones entre países y continentes, se acaban los primeros y los terceros mundos, se acaba el ser rico o el ser pobre, nos damos cuenta de lo frágiles que somos ante la naturaleza. El arte y en especial la música es de las cosas más grandes que nos unen a todos para así ayudar a quien más lo necesita. Lo valioso de poder viajar y comparar es darnos cuenta de lo iguales que somos. México, Estados Unidos o España, comparten un mismo sentimiento y en esta ocasión lo expresan a través de la música y el incomparable alcance que esta tiene en esta impredecible tierra.